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Abr
La corrida se despeñaba por el precipicio del aburrimiento y la sosería hasta que apareció un mago del toreo, por nombre Daniel Luque, que sacó de la chistera una obra redonda producto del valor, el conocimiento y la confianza, y a toda la plaza devolvió la ilusión.Más informaciónY cuando parecía que se había acabado la función, salió Juan Ortega a recibir al sexto de la tarde con unas irregulares y preciosas verónicas. Un toro manso era ese último, al que no se picó y galopó en banderillas. Llamaron los clarines al último tercio y la plaza entera era una pura…
