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Abr
Hay un símbolo que se repite constantemente en el imaginario de las personas de ciencia. Se trata de un punto incandescente en la noche del desierto de Los Álamos; la brasa del cigarrillo de Oppenheimer, vestido de traje y corbata, con su sombrero calado hasta las cejas, caminando cabizbajo mientras busca la llave perdida que un mal día abrió las puertas del infierno.Sus ojos son dos caleidoscopios cuánticos que emiten turbulencias cada vez que el hongo nuclear asoma en su memoria. El encargado de la filmación de la entrega del regalito sobre Hiroshima fue el joven Harold Agnew, su aprendiz,…
