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Abr
Al principio no eran más que tres páginas. Tres páginas que el escritor Stephen King, por entonces un profesor de literatura del montón, había tirado a la papelera. La protagonista de aquellas tres páginas era una chica insulsa y aparentemente estoica a la que las compañeras atormentaban en el instituto. La chica vestía de forma extraña. Su madre estaba en exceso obsesionada con la religión. Estaba obsesionada con la batalla entre el bien y el mal. Un mal que ella misma ejercía asfixiando a su propia hija sin que le importase lo más mínimo. “Parecía la típica cabeza de turco,…
