Vie. May 24th, 2024

Tras un año de preparación, el ingeniero Pablo Álvarez (León, 35 años) se convertirá mañana en el primer astronauta español en 31 años, y el único que por ahora podrá lograr el sueño de ir a la Luna.

La Agencia Espacial Europea (ESA) celebra el lunes la graduación de su nueva promoción de astronautas en Colonia (Alemania). Los cinco elegidos recibirán su ansiado parche identificativo en el que ya estarán desplegadas las alas que simbolizan que son parte del cuerpo y que les pueden asignar una misión. Y pendientes de misión quedan 12 reservas, incluida la bióloga molecular española Sara García. El Gobierno vincula este hito al aumento de su contribución a la ESA hasta los 300 millones de euros anuales entre 2023 y 2027.

El naturalista Josef Aschbacher, presidente de la agencia, decidirá en mayo quién de los cinco nuevos astronautas será el primero en viajar a la Estación Espacial Internacional (ISS) en 2026. El resto serán asignados a misiones posteriores hasta 2030, año previsto de jubilación de la base orbital. A partir de esa fecha, y si tienen una carrera larga —Álvarez aspira a estar de servicio “25 o 30 años”—, es probable que lleguen también a la Luna, aunque primero irán alguno de los siete astronautas veteranos de la clase de 2009, con más experiencia de vuelo. En esta entrevista por teleconferencia, el flamante astronauta relata cómo ha sido su año de entrenamiento y qué hay que tener para poder viajar al espacio.

Pregunta. ¿Ha aprendido a coser heridas?

Respuesta. Sí, claro. También cosmología, astrofísica, mecánica orbital, ingeniería, mecánica de fluidos, psicología, biología, sistemas de la ISS, ley espacial, estructura de la ESA y la UE.

P. A los astronautas les ponen notas, ¿también pueden suspender?

R. Sí. Hay exámenes, hay notas y dependiendo de lo que saques en algunas cosas puede ser que te elijan para una actividad o no. Al final hay asuntos muy críticos, como las actividades extravehiculares [caminatas espaciales] o manejar el brazo robótico, en las que tienes que asegurarte de que el riesgo es el mínimo, y entonces sí que las evaluaciones son bastante serias. Precisamente esta última semana tenía examen de brazo robótico, y además hemos tenido el examen general de todo el año.

P. ¿Ya se siente astronauta?

R. Sí. Es un año que te cambia. Me siento preparado para cualquier cosa que venga, incluso para una misión espacial. Y sé que ahora tengo muchas más herramientas para superar esos retos.

P. ¿Qué ha sido lo más duro?

R. Quizás todos los viajes y las horas que tienes que echar. Porque muchas de las actividades no puedes hacerlas aquí, en Colonia. Hemos estado en Italia, Holanda, el mar del norte, Houston, haciendo entrenamiento de supervivencia en Pirineos, varios meses en Alemania aprendiendo ruso. Quizás lo más difícil es compaginar tu vida privada y tu trabajo. Pero he podido ir a España en Navidades y Semana Santa. Y los fines de semana generalmente los tenemos libres.

P. ¿Qué se siente cuando te meten en la centrifugadora?

R. Lo que haces es simular el lanzamiento y la reentrada en una misión espacial. Tú te sientas, se cierra la cápsula y es como si estuvieras en el cohete. Hay una cuenta atrás, y cuando llegas a cero, la sensación es que tienes todo el empuje de un cohete en tu espalda. Acelera superrápido y sientes que vas hacia adelante a toda velocidad. Te cuesta respirar, notas que todo se aplasta. Si un brazo normalmente pesa ocho kilos, pues a seis veces la gravedad terrestre te pesa 48. Cuesta muchísimo moverse. Estás así unos 15 minutos. Cuando deceleras, tu sistema vestibular no entiende muy bien qué es lo que está pasando y la sensación es que estás dando muchísimas volteretas hacia adelante. Impresiona, sobre todo porque es muy fuerte y dura bastante tiempo.

P. También os dejaron en el valle de Arán en pleno invierno.

R. Sí, nos dijeron que hiciéramos un refugio cada uno, nos asegurásemos de que no había nadie a 100 metros a la redonda y que durmiéramos ahí. Es una experiencia curiosa dormir solo a 10 grados bajo cero, a 2.000 metros de altura, con toda la nieve, con todos los ruidos de la noche. Tuvimos suerte y se podían ver las estrellas; era precioso. Y luego el resto de días estuvimos entrenando otras cosas como hacer fuego, gestionar la humedad, la hipotermia o afrontar una fractura o un esguince. Todo el tiempo nos ponían en situaciones de emergencia ficticias, igual tenías que rescatar a alguien o buscar a un compañero que se había perdido siguiendo sus huellas en la nieve. Nos metieron en un lago cuando afuera estábamos a 4 grados bajo cero. Se trata de simular situaciones de emergencia y desarrollar tus habilidades de liderazgo o de seguir al líder en esa situación.

P. ¿Has sentido miedo?

R. De momento no, pero tampoco me preocupa. Voy a subirme a un cohete Falcon de 70 metros de altura; un aparato que me va a mandar fuera del planeta. Voy a orbitar a 28.000 kilómetros por hora, a dar una vuelta a la Tierra cada hora y media, a vivir seis meses en microgravedad en un lugar donde lo que te separa del espacio exterior son tres milímetros de aluminio. Voy a salir al espacio exterior con el traje espacial, que no es otra cosa que una nave con forma de humano para que puedas operar todo. Imagínate la sensación de salir y ver la inmensidad del universo a un lado, la Tierra al otro. Y luego vuelves a esos 28.000 kilómetros por hora, frenas, ves el plasma en la ventana durante la reentrada, y caes en medio del océano esperando que venga un barco a rescatarte. Yo creo que sería muy humano tener miedo en algún momento.

P. Hay una idea de que para ser astronauta hay que ser un superhumano, pero la mayoría de astronautas, incluido Pedro Duque, su antecesor y actual presidente de Hispasat, dicen que en realidad lo que hace falta es ser “supernormal”.

R. Totalmente cierto. Lo más difícil de todo es la variedad de cosas en las que tienes que ser bueno, desde actividades bajo el agua a cosas más teóricas y partes muy operativas de cómo reaccionas en situaciones de emergencia. Este trabajo tiene tantas aristas que no se buscan supergenios en nada, sino gente a la que les puedas dejar en cualquier situación y sepa salir adelante. Nos lo han confirmado los psicólogos, que nos van a seguir antes, durante y después de la misión. No buscan un genio en matemáticas o física, sino gente todoterreno. El primer día de entrenamiento nos dijeron: no destacáis en absolutamente nada, pero tampoco tenéis ninguna flaqueza evidente.

P. ¿Cómo te vas a sentir cuando te gradúes?

R. Imagino que muy contento. Pero algo que tenemos los astronautas es que siempre miramos hacia adelante. Yo creo que el día 23 ya estaré pensando, bueno, ¿y ahora qué?

Pedro Duque: «La virud más importante del astronauta, la paciencia»

Los dos únicos españoles que han viajado al espacio son el hispanoestadounidense Michael López-Alegría, que fue astronauta de la NASA y ahora lo es para la empresa Axiom, y Pedro Duque, que se graduó en 1993 y viajó dos veces al espacio, en 1998 y 2003. Unos días antes de la entrevista con Álvarez, Duque atendió a las preguntas de EL PAÍS. “Ser astronauta no es como en las películas”, explicó Duque, que tras ir al espacio fue directivo, ministro de ciencia y actualmente preside Hispasat. “Puede que sí fuera épico en la época dorada de Gagarin, Leonov, John Glenn, pero es una imagen del pasado. De físico hay muy poca cosa. Realmente lo que necesitan es gente supernormal que sepa arreglar cosas y tomar decisiones, por lo que hay muchas pruebas psicológicas. El tema de la centrifugadora no es tanto para ver tu resistencia como para comprobar que no tienes algún problema médico que te impida ir al espacio”. ¿Un consejo para Álvarez? “Ahora”, asegura, “la virtud más importante del astronauta es la paciencia, porque hay que esperar misión y no dejarse llevar por el cansancio. Yo tuve suerte y tardé cinco años en que me asignaran misión”, reconoce.

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