22
Dic
El coronel Góngora, de la Academia de Artillería, desplegó orgulloso su catalejo. Gracias a él, por fin, se podrían leer las marcas dejadas por la milenaria y desgastada cartela del acueducto de Segovia que desvelaban quién, cuándo y por qué ordenó construir esta impresionante obra en un municipium que no se encontraba entre los más importantes del imperio romano. Pero fuera porque el militar decimonónico no estaba muy ducho en latín o porque el anteojo no resultaba lo suficientemente potente; lo que garrapateó en el papel no resultó bastante para que el canónigo Andrés Gómez de Somorrostro ―que había enviado…
