Mié. Feb 21st, 2024

Si un insecto se siente atraído por una luz artificial y al acercarse a ella muere, el animal ha sido víctima de una trampa evolutiva. Estos cebos sirven para estudiar como responden las especies no humanas a las señales del entorno humano. Si en lugar de un insecto es la humanidad la que cae en una de estas trampas, la sociedad puede verse atrapada en alguno de los 14 callejones sin salida que ha identificado un grupo de investigadores de la Universidad de Estocolmo. El cortoplacismo, el consumo excesivo, la pérdida de biodiversidad y la falta de cohesión social por la aparición de internet son algunos de ellos, como revelan los autores en su estudio, publicado por la Royal Society.

El Antropoceno, la etapa geológica en la que el ser humano es el principal impulsor del cambio en el planeta, muestra cada vez más grietas. Se caracteriza por la aceleración del cambio y por los retos globales de creciente complejidad, como la pandemia de covid 19, el cambio climático, la inseguridad alimentaria, las crisis financieras y los conflictos. ¿Puede ser el Antropoceno, en sí mismo, una trampa evolutiva?

El nuevo estudio compara la actual situación con la que vivió la Tierra hace miles de millones de años, con la llamada Gran Oxidación: el éxito evolutivo de las cianobacterias, los primeros organismos que producían oxígeno como resultado de la fotosíntesis enriqueció enormemente la atmósfera con este gas; y eso provocó la extinción masiva de la mayoría de seres vivos, para los que el oxígeno era tóxico. La gran diferencia es que ahora los causantes de los grandes cambios somos conscientes de ellos y podemos hacer algo para preservar la biodiversidad. Por eso, el nuevo estudio explora también soluciones, para que la sociedad continúe su evolución de por un camino más sostenible.

Una de las más trampas que se encuentran en un estado más avanzado, explica Peter Søgaard Jørgensen, autor principal del estudio, “es el cortoplacismo que lleva a centrarse en el rápido crecimiento económico, en lugar de en la sostenibilidad económica a largo plazo”. Søgaard, investigador en el Centro de Resiliencia de Estocolmo, añade: “El mundo altamente interconectado en el que vivimos hace que, a menudo, no veamos las consecuencias de nuestros propios comportamientos, que quedan enmascaradas”.

En su investigación, el equipo de Søgaard planteó estos requisitos para identificar un callejón sin salida: que pueda describirse como evolutivo a partir de un proceso inicialmente adaptativo; que a nivel global muestre signos de impactos indeseables sobre el bienestar humano, o que se haya planteado la hipótesis de que muestre tales signos en el futuro, y que tenga un mecanismo de trampa que haga más difícil escapar de los impactos negativos cuando el mecanismo se active.

Las 14 trampas evolutivas identificadas en el estudio durante el actual período geológico, el Antropoceno, son la simplificación de los ecosistemas de producción de alimentos, el crecimiento a costa del bienestar social, el rebasamiento ecológico de la Tierra, la división de la humanidad por los conflictos, el contagio a gran escala, el bloqueo de infraestructuras de combustibles fósiles, la contaminación química, la tecnología existencial, la autonomía tecnológica, la desinformación, el cortoplacismo, el consumo excesivo, la desconexión de la biosfera y la pérdida de capital social local.

Algunas consecuencias de las trampas evolutivas son irreconocibles a simple vista y se traducen en impactos negativos en el sistema global, como la degradación de los servicios y los fallos tecnológicos. Por ejemplo, la resistencia a los antibióticos mata a 1,2 millones de personas al año, más que el sida o la malaria, pero “estos fallos quedan enmascarados para la mayoría de la gente en su vida cotidiana”, señala Søgaard. Ante ese problema, Victoria Lladó, directora de Estrategia Corporativa de Laminar Pharma, plantea la necesidad de que la población se comprometa a tomar antibióticos solo bajo prescripción médica y a eliminar los excedentes en puntos limpios. Su receta es “concienciación, concienciación y concienciación”, recalca Lladó.

Amenazas tecnológicas

Las trampas tecnológicas son resultado de la práctica general, según revela el estudio: de la innovación han surgido la dependencia de los combustibles fósiles y el impacto en la salud de los nuevos componentes sintéticos y materiales producidos por la tecnología. A pesar de ser de una de las trampas en estado menos avanzado, junto a la pérdida de capital social, la autonomía de la tecnología aumenta a medida que crecen las inversiones y las nuevas formas de inteligencia artificial (IA) y robótica, como la IA generativa o los coches autónomos.

Los distintos callejones se cruzan, reforzándose entre sí. Por ejemplo, la gravedad del consumo excesivo puede medirse a través de las actividades contaminantes y de la pérdida de ecosistemas y de biodiversidad. Una de las especies que se están perdiendo por el cambio climático son los corales, según revela Moisés Expósito-Alonso, biólogo y científico de la Universidad de Stanford. Las altas temperaturas de los océanos, provocan el blanqueamiento de los arrecifes y los corales se mueren de hambre. En abril, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos reveló que la temperatura media de los océanos batió su récord con 21,1°C. “Por la misma razón, los osos polares están perdiendo su hábitat, y plantas como la Secuoya, no cuentan con de la humedad necesaria para vivir”, explica Expósito-Alonso.

Francisco Lloret, catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona, recomienda implementar medidas “que favorezcan los procesos naturales resilientes, como la construcción de corredores entre territorios que aseguren el mantenimiento de la biodiversidad y permitan la llegada de nuevos individuos a poblaciones debilitadas”. También sugiere restaurar o renaturalizar hábitats que hayan sido destruidos.

Evitar la polarización

Evitar los callejones sin salida, advierte Peter Søgaard, es posible si se adoptan ciertas medidas: conocer las trampas evolutivas, identificarlas mejor, seguir vías de cambio para evitar sus consecuencias perjudiciales, reorganizar la sociedad y asegurarse de crear nuevas instituciones y tecnologías que puedan desmontarse y reestructurarse cuando sea necesario.

La pérdida de capital social local y la polarización política contribuyen a la desinformación, y esta conduce a la división global, ya que las tensiones nacionales afectan a la capacidad para alcanzar compromisos de carácter internacional. Para Søgaard lo más importante es “ser capaces de reconciliar conflictos y de llegar al otro lado del callejón con aquellos con los que, de otro modo, sería menos probable que cooperásemos”.

Otra manera de resolver estas situaciones es actuar de forma colectiva a gran escala. “Es hora de que tomemos conciencia de la nueva realidad y avancemos colectivamente hacia donde queremos como especie. Tenemos la capacidad de hacerlo y ya estamos viendo señales de tales movimientos. Podemos salir de callejones sin salida”, concluye Søgaard.

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