07
Ene
A las tres y cuarto de la mañana, un hombre bajo, moreno, de pelo rizado y de 30 años llamado Eduardo Sánchez acude, a pie, al servicio de urgencias del centro de salud de Piedrabuena, su pueblo, en Ciudad Real. Allí avisa de que su pareja, Belén Palomo, de 24, está gravemente herida. Los médicos corren a la casa, tratan inútilmente de reanimar a la mujer, que al menos tiene una cuchillada en el pecho de muy mal pronóstico. En poco tiempo, a pesar de la hora, un buen número de los 4.000 habitantes de Piedrabuena sabe que algo pasa…
