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May
La escena sucedida al término del quinto toro resume a la perfección la locura de estos hombres vestidos de oro y revestidos de heroicidad. Juan de Castilla, modesto torero colombiano, empapado y con el barro hasta las rodillas, se despidió del público en medio de una cariñosa ovación, y enfiló, por el centro del ruedo, el camino de vuelta a la furgoneta.Más informaciónPero no se piensen que este joven se marchaba a casa a descansar y darse una buena ducha caliente; de Castilla se tuvo que ir precipitadamente de la plaza de Vic-Fezensac porque le esperan los toros de Miura…
