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Ene
Callie Seaman tenía 16 años cuando comenzó a fumar cannabis para controlar la epilepsia. Los ataques habían comenzado dos años antes y afectaban a su capacidad para tener una vida funcional; antes era una magnífica estudiante, pero, desde el diagnóstico, su desempeño académico se estaba resintiendo. Corría el año 1997, y entonces el cannabis, incluso el utilizado con fines terapéuticos, era aún ilegal en toda Europa. Cualquier persona que quisiese adquirir cannabis se veía obligada a tratar con camellos en las calles o encargarle tal tarea a un intermediario.“Nunca lo tomé por el subidón de euforia”, comenta Seaman, que vive…
