Mar. May 21st, 2024

La lluvia caída en las últimas semanas, de la mano de las borrascas Aline, Bernard, Ciarán y Domingos, ha contribuido a suavizar en algunas zonas el aspecto deshidratado de las marismas de Doñana, pero en ningún caso han salvado al enclave natural de la sequía severa que amenaza su supervivencia. “En la zona central de la reserva, que es donde están las lagunas, han caído menos de 100 litros por metro cuadrado [no incluyen las precipitaciones correspondientes a la última borrasca porque no se han evaluado], para llegar a una situación de normalidad tendrían que caer entre 200 y 300 litros, pero como todo está tan seco serían necesarios unos 500 litros para que se mantenga”, explica Carmen Díaz Paniagua, investigadora del CSIC en la Estación Biológica de Doñana.

Las precipitaciones han devuelto el agua a paisajes muy reconocibles del Parque Nacional, como la marisma del Rocío o El Portil, incluso la laguna de Santa Olalla, la más grande de las permanentes de Doñana y que volvió a secarse este verano por segundo año consecutivo. Tienen un poco de agua. “Siempre que llueve se inundan las lagunas”, señala Díaz Paniagua. En el caso de la marisma que se extiende frente a la aldea del Rocío, que hace unas semanas era un secarral, es habitual que se acumule más agua “porque se nutre de los campos que llegan de los alrededores”, indica la científica. “El Rocío se ha convertido en una cubeta, es una laguna y por eso ha cogido más agua”, abunda Juanjo Carmona, portavoz de WWF en Huelva.

Díaz Paniagua advierte de que para que la marisma de Doñana alcance cierta normalidad es necesario que el ciclo de lluvias no se interrumpa. “Si ahora lloviera y se mantuvieran las precipitaciones sería perfecto, pero los peores años son cuando se interrumpen los ciclos, porque se pierden las semillas que se han ido plantando, los huevos que han puesto los anfibios, y eso supone una pérdida energética muy fuerte”, indica la investigadora.

La Estación Biológica está trabajando en un informe pormenorizado para analizar el agua caída, su impacto en la marisma de Doñana en el que se están analizando imágenes de satélite para estimar el porcentaje de superficie inundada en las distintas zonas del Parque Nacional, que se publicará la próxima semana.

”En las últimas dos semanas han caído en Huelva 120 litros por metros cuadrado, lo mismo que en todo el año”, explica José Enrique García, profesor de Meteorología de la Universidad de Huelva, quien recuerda que la pauta era que anualmente lloviera entre 400 y 500 litros. “Se necesitaría que se reprodujeran valores normales durante los próximos ocho o 10 años para que el nivel externo de la marisma se viera perfecto. Pero vemos que lo normal cada vez es más excepcional”, subraya. El profesor advierte, no obstante, de que esos datos valdrían para la superficie, pero que para que los acuíferos mantuvieran su estabilidad sería necesario que lloviera mucho más tiempo. García llama la atención sobre cómo los valores promedio de temperatura y pluviometría afectan en los ecosistemas y alerta: “Las predicciones de cambio climático por el calentamiento global indican que la pluviometría en Doñana se va a ver reducida lo que significa que la vegetación también cambiará”.

“Este año ha sido muy seco, pero no ha sido el peor”, subraya Carmona, que cita los datos ofrecidos por la Confederación del Guadalquivir en la última mesa de la sequía, que concluían que este había sido el octavo año con menos precipitaciones de los últimos 25 años. “Esto lo que hace es agravar la sequía estructural que se prolonga desde hace cinco años. Bienvenida la lluvia, pero con esto no se resuelve el problema, porque la evolución de los últimos tiempos no es positiva”, abunda.

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