Sáb. Mar 2nd, 2024

Felipe González, el expresidente del Gobierno socialista, tampoco parece estar de acuerdo con la política energética del actual Ejecutivo del PSOE, que tiene pactado desde 2019 con las compañías eléctricas propietarias de las centrales nucleares un calendario de cierre de todas las instalaciones de este tipo que se rematará en 2035. González, sin embargo, ha defendido este lunes la nuclear como “la menos contaminante” de las formas de generar energía y para ello ha arremetido contra las renovables, en concreto, contra la fotovoltaica y la eólica.

El expresidente, que ha participado en un acto en Sevilla sobre incendios forestales junto al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (PP), se ha centrado en los residuos que las diferentes tecnologías generan para apuntalar su postura. Según González, existe en contra de la nuclear “una corriente de opinión enorme” que se sustenta en que no se sabe qué hacer con los residuos radiactivos que generan, que en el caso del combustible gastado mantiene la peligrosidad para el ser humano durante miles de años. “Tienen razón, sí”, ha reconocido para añadir después: “Pero, ¿y qué vamos a hacer con los residuos de las plantas fotovoltaicas? ¿O con los residuos de los aerogeneradores? ¿Alguien lo ha pensado?”.

Él mismo se ha contestado y ha asegurado, de forma incorrecta, que ni siquiera está previsto quién tendrá las “responsabilidades” de desmontar los parques fotovoltaicos. Además, ha asegurado que los materiales con los que se fabrican los paneles proceden de “trabajo esclavista” y “no son reciclables nunca”. En su intervención, también ha recurrido al argumentario de los contrarios a los grandes proyectos renovables: que estas plantas ocupan “un terreno enorme” y que acaban “con la agricultura”.

El vídeo, difundido por la red social X por la agencia Europa Press, ha generado un buen número de críticas hacia la postura de González, pero, sobre todo, hacia los argumentos que emplea, que suelen ser los usados por negacionistas del cambio climático o retardistas de todo tipo. Nicolás González, europarlamentario del PSOE, ha asegurado en la misma red social: “Como socialista no puedo estar más decepcionado. Confieso que no vi venir a Felipe González atacando con argumentos falsos y de cuñado a la transición energética que es una oportunidad para España. No sé quién le asesora, pero es negacionismo climático puro. Qué pena”.

Los socialistas más veteranos recuerdan que a las elecciones de 1982 el PSOE que lideraba González se presentó con una moratoria a la construcción de nuevas centrales. Y, cuando ganaron, se aplicó y se frenaron las nuevas plantas. Pero el debate más duro, también en el seno de este partido, fue qué hacer con las centrales que ya estaban en funcionamiento. El PSOE terminó por resolver aquello con su programa económico para las elecciones generales de 2000, donde el candidato Joaquín Almunia planteó ya un calendario de cierre para las nucleares, recuerdan fuentes de este partido. Es decir, cuando González no controlaba ya el PSOE.

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Entre los socialistas no ha sorprendido tanto la postura pronuclear del expresidente, sino los argumentos, que también han sido rebatidos por ecologistas y expertos en energías renovables. Como Pedro Fresco, director general de la Asociación Valenciana del Sector de la Energía, quien ha criticado “la cantidad de mitos y bulos energéticos que ha soltado Felipe González en escasos dos minutos”. Ha rechazado que la oposición principal a las nucleares se deba ahora a la gestión de los residuos. “El rechazo actual es esencialmente económico y, en menor grado, por el riesgo de accidente”, ha asegurado Fresco.

La gestión de los residuos nucleares está recogida en un plan nacional que se renueva periódicamente. La última actualización la aprobó el Gobierno en diciembre y ahí se fija qué se hará con estos desechos. Y cuánto costará: 20.220 millones de euros entre 2024 y 2100. Esos costes, como establece la ley, los deben asumir las propietarias de las instalaciones a través del pago de unas tasas, es decir, las tres grandes eléctricas del país: Iberdrola, Enel y Naturgy. De esta última empresa fue durante unos años consejero González. El Gobierno tiene sobre la mesa un decreto para aumentar esas tasas para que se pueda cubrir el coste real de la gestión de los desechos nucleares durante este siglo. A eso se unen las importantes inversiones que se deben afrontar cuando se quiere prolongar la vida de una central para que sea una operación segura.

Frente a esa gran factura están unas tecnológicas —la fotovoltaica y la eólica— cuyos costes se han desplomado en los últimos años y que cuentan con un respaldo político claro en una Europa preocupada por su independencia energética, lo que atrae más a los inversores. Por eso Fresco se refiere a un rechazo esencialmente “económico” en estos momentos.

Respecto a la gestión de los residuos, Fresco —firme defensor de las energías renovables— ha recordado que “los paneles solares se reciclan, y no es difícil”. “Se componen básicamente de vidrio, aluminio, plástico, cables de cobre y silicio”, ha añadido. “El 90% del panel es fácilmente reciclable. No son residuos peligrosos”. De hecho, Héctor de Lama Gutiérrez, de la patronal fotovoltaica Unef, ha recodado que reciclar los paneles es algo “sencillo y obligatorio” porque así lo establece la normativa europea. “Comparar placas de silicio reciclables según normativa europea con la gestión de residuos nucleares que duran miles de años lo dice todo”, ha reaccionado por su parte Alejandro Sánchez, miembro de Equo y diputado en la Asamblea de Madrid.

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