Mié. Feb 21st, 2024

Aumentar el reciclaje, alargar la vida útil de las tecnologías eólicas y fotovoltaicas y reducir la flota de coches eléctricos es el camino para cubrir la avalancha prevista en la demanda de minerales sin los que es imposible acometer la transición energética para descarbonizar la economía, concluye un estudio del instituto CIRCE de la Universidad de Zaragoza y la ONG Amigos de la Tierra. Con la aplicación de estas y otras medidas, España cubriría la demanda del 67% de litio, níquel, cobre, tierras raras, entre otros metales críticos ―vitales para la economía de un país y con problemas de suministro― y solo sería necesario extraer con minería el 33% restante. La investigación, que se sustenta en una base de datos recogida durante años por CIRCE, calcula el aumento de los recursos que se necesitarían en España hasta 2050, al implementar los planes de transición energética y digital de 10 grupos de metales: aluminio, cobre, cobalto, litio, manganeso, níquel, oro, plata, platino y paladio, y tierras raras y neodimio.

Alicia Valero, coautora del estudio e investigadora de CIRCE experta en materias primas, aclara que “no se puede prescindir de la minería, pero sí es posible reducir la demanda y lograr que la transición sea justa y respetuosa en todo el mundo”. Recuerda que el cobalto, utilizado en las baterías de los coches, se extrae en el Congo, sin respetar los derechos humanos y sin controles medioambientales. Adriana Espinosa, responsable de recursos naturales y residuos de Amigos de la Tierra, añade que no se pone en duda la necesidad de acabar con los combustibles fósiles, “pero lo que no puede ser es que se acabe dependiendo de los minerales críticos”.

Y esto podría suceder, en su opinión, si la política de la Unión Europea continúa en la senda actual de consumo, que prevé un aumento de la extracción de minerales dentro de Europa de un 10%, además de ampliar la importación de terceros países, reduciendo así la dependencia de China y Rusia. En España, también se plantea un incremento de la minería. El problema es que esta hoja de ruta no se sustenta en análisis específicos sobre los recursos minerales asociados a la transición energética y digital, asegura Amigos de la Tierra.

Los coches eléctricos a la cabeza

El estudio sitúa a los coches eléctricos en el primer puesto del ranking de consumidores de minerales críticos y, “por lo tanto, como el sector más vulnerable debido a sus necesidades”, concreta Valero. Estos vehículos acapararían hasta 2050 alrededor del 58% de la demanda de aluminio y cobre (en la estructura y electrónica) y entre el 73 y el 92% de manganeso, cobalto, níquel y litio (en las baterías), además del 79% de disprosio y neodimio (en los motores).

Ante estas cifras, la medida más efectiva, según Amigos de la Tierra, para no entrar en una espiral de apertura de minas, sería poner coto de forma “drástica” a la flota de vehículos privados. En 2050, deberían existir tres veces menos coches que en la actualidad: de 25 millones a nueve, a la vez que sería imprescindible apostar por el transporte público incrementando los autobuses de los 65.000 actuales a los 250.000. De esa forma, las necesidades de recursos mineros bajarían entre un 5% y un 35% dependiendo del metal, han calculado. El estudio apunta también a la fabricación de baterías de los vehículos más pequeñas o a la posibilidad de darles una segunda vida.

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Detrás de los coches, aparecen tecnologías como las eólicas, en la que se utilizan estos minerales, por ejemplo, en los imanes de los motores que se fabrican con tierras raras (neodimio y disprosio). Los aparatos eléctricos y electrónicos (móviles, ordenadores, televisores…) consumirán el 35% del oro destinado a estas producciones —uno de los metales más caros y deseados del mundo—. En la actualidad es muy complicado recuperar el preciado mineral de placas de ordenadores o de circuitos integrados, entre otros, mientras que el litio, cobalto, manganeso o níquel de las baterías no se recicla. “Todavía no hay un volumen suficiente de baterías, porque los vehículos eléctricos, al ser una tecnología reciente, todavía no han llegado al final de su vida útil y se continúan utilizando sin cambiarlos”, explica Valero.

Uno de los principales problemas es que estas tecnologías no están diseñadas para ser recicladas. “Es como si mezclas azúcar y sal, a ver cómo lo separas”, describe Valero. En las baterías eléctricas está todo soldado y no hay información de lo que hay dentro, “así que se rompen las estructuras y es muy complicado tanto la reutilización como el reciclaje”. Tampoco es sencillo el reciclaje de otros artículos como ordenadores o móviles. “Las tasas actuales de reciclado son tan bajas que muchas están en el cero por ciento, excepto el cobre y en algunos casos el manganeso”, añade Valero, que espera que mejore. La Asociación Mundial de Estadísticas de Residuos Electrónicos advierte que, solo en 2019, se produjeron 53,6 millones de toneladas de residuos electrónicos y tan solo un 17,4% de ellos fueron recogidos y reciclados de forma apropiada. Para intentar evitar este desperdicio, es imprescindible que los productos se diseñen pensando en su posterior reutilización y reciclado, en módulos, reclama Valero.

El estudio se detiene también en los impactos que provoca la extracción primaria (en las minas) en cuanto a la cantidad de roca que se necesita extraer para obtener el metal, al consumo energético y emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero. Todos los parámetros se reducen sí se tomaran las medidas que plantean.

Amigos de la Tierra pide al Gobierno de España establecer objetivos y medidas para reducir el consumo de recursos minerales, además de promover una economía circular que incluya el diseño de infraestructuras y productos duraderos. Dentro de las recomendaciones generales se encuentra eliminar la posibilidad de que en todos los terrenos de la Red Natura 2000 y otros que estén protegidos se puedan abrir minas. También se aconseja garantizar que la planificación de las políticas relacionadas con materias primas minerales y con las minas cuenten con la participación de las comunidades locales afectadas, dentro y fuera de Europa.

En España existen varias localidades que se oponen a que se abran nuevos yacimientos en su entorno. En Estercuel, un pequeño pueblo de Teruel, ha surgido un movimiento que pide parar una explotación por motivos medioambientales. En Cáceres, la Plataforma Salvemos la Montaña Plataforma lucha contra una mina de litio por los gases que se van a liberar y su impacto en el ecosistema y en el paisaje.

Ester Boixereu, geóloga especialista en recursos minerales en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), explica que España tiene un buen potencial para determinados minerales como el litio, cobre, níquel, wolframio, fluorita, tierras raras… También se está investigando el cobalto, que es muy escaso. Considera que son materias primas críticas para la transición energética y que el Estado garantiza “que el impacto ambiental de las explotaciones sea mínimo y que se cumplan los derechos de los trabajadores”, algo que no sucede en otros lugares. En todo caso, en España el proceso de abrir una mina es muy largo “pueden pasar diez años sin problemas”.

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