Vie. May 24th, 2024

El piragüista Marcus Cooper (Oxford, 1994) es preciso y detallista en todo lo que hace. Incluso en el cálculo de su genética y la herencia de cada progenitor: “Tengo un 75% de sangre inglesa y un 25% de sangre alemana”, relata. Por parte de madre, su lado británico, dice haber heredado pragmatismo para enfrentar los problemas y cierta negrura en el humor. De su lado alemán le queda una ética de trabajo férrea, casi robótica. “Al final soy muy europeo, ¿no? Raíces norteñas”, ríe por teléfono desde Trasona (Asturias), donde se ubica el centro de alto rendimiento en el que entrena y vive desde que era adolescente.

Cooper, rubicundo y de ojos claros, nacido en Inglaterra pero criado en Cala d’Or (Mallorca), la tierra donde descubrió el piragüismo, triunfó muy pronto: tan solo tenía 21 años cuando en 2016 ganó el oro olímpico en la prueba de K1 1.000 metros (en solitario, ya que la K es de kayak, y el número indica el número de palistas). Un logro que entonces resultó abrumador: “Aún me cuesta asimilarlo. Lo primero que sentí, sin saber si había ganado, fue una enorme satisfacción por haber sido mi mejor versión. No podía haberlo hecho mejor”, reflexiona. Ahora prepara la cita de París, donde en teoría competirá en K2 y K4 y cuenta con todas las papeletas para ser el próximo abanderado masculino de España. Así lo dicta la ley no escrita del palmarés, aunque la confirmación tendrá que esperar hasta junio: “No pienso mucho en ello. Lo mantengo a raya y no tengo pajaritos en la cabeza. Hasta que no se sepa no lo veo real”, afirma.

Marcus Cooper, compitiendo en una de sus primeros torneos. Foto: CEDIDA MARCUS COOPER

El piragüista posa con las tres medallas que consiguió en el campeonato de Europa junior de 2012. Foto: CEDIDA MARCUS COOPER

El mallorquín en el pantano de Trasona (Asturias), donde se ubica el centro de alto rendimiento de piragüismo en el que se preparan los palistas de élite. Foto: PACO PAREDES

Apasionado de los negocios, el piragüista se ha embarcado en Plan Cooper, un proyecto que se encamina al diseño de planes de entrenamiento para deportistas profesionales y ‘amateurs’. Foto: PACO PAREDES

Pregunta: Le suelen llaman Iceman (hombre de hielo, en castellano). ¿Ayuda la frialdad en la alta competición?

Respuesta: No es que no tenga emociones, es que las sé controlar muy bien. Aprendí hace poco qué es el estoicismo y me identifico con ello. Soy práctico. Si hay un problema, trato de encontrar la solución. Mi madre es un poco así, es imposible que se enfade y gestiona las cosas con positividad [ríe]. Soy así en general, no solo en el deporte. El mundo es como es y nos toca superar problemas a diario. Sé mantener la calma y eso ayuda en los momentos críticos de competición. Para mí es relativamente fácil, pero para el resto de deportistas creo que no tanto.

P. Una piragua puede superar los 25 km/hora en competición. ¿Qué se siente al deslizarse sobre el agua a tal velocidad?

R. Cuando vas muy rápido y sincronizado sientes que el agua empieza a desaparecer. En piragüismo la resistencia es el agua, más densa que el aire. Peleas contra el agua, la empujas. Llega un punto en que el esfuerzo que aplicamos se transmite tan bien que parece que levitas.

P. ¿Qué es lo más fascinante del piragüismo?

R. Es un deporte muy completo. Combina fuerza, técnica, resistencia. Y es original, al aire libre, es estético, no lesivo, se puede practicar individualmente o en equipo… Es un deporte con el que siempre vas a acertar. Eso sí, si no te gusta pasar frío, no lo hagas en pleno invierno [ríe].

MI DEFINICIÓN DE TALENTO

“Es saber analizarte a ti mismo y entender que todos somos diferentes. Y una vez que conocemos nuestras virtudes y deficiencias, lograr sacar el máximo rendimiento de nuestro ser, la mejor versión”

Cooper se apuntó con 12 años a un club de piragüismo en Mallorca. Le atrajo lo completo de la disciplina y que se practicase en el agua. En esta entrega de Talento a bordo, el proyecto de Iberia para visibilizar el talento en español, afirma que progresó muy rápido y pronto llegaron las primeras victorias. Con 15 años entró en la selección nacional júnior y se mudó a Asturias para formarse en el centro de élite de Trasona.

P. Se fue muy joven de casa. ¿Renunció a algo?

R. Llevo fuera desde los 15 años y desde muy pronto llevé una vida adulta y disciplinada. Renuncié a la vida normal de adolescente. Es un sacrificio, pero tenía claro el camino a tomar y me ayudaba tener compañeros de tanto nivel que sentían lo mismo que yo. Mis padres no se han adaptado tan rápido como yo, pero me acompañan siempre, en sentido literal: vienen a las competiciones internacionales y están súper agradecidos y contentos.


P. Con 21 años ganó el oro olímpico en Río de Janeiro. ¿Qué sintió?

R. Estamos acostumbrados a sentir alegría cuando nos salen cosas bien y pena o rabia cuando no… Pero en este caso fue tan chocante e inesperado lo que conseguí que creo que no estaba preparado para sentir esas emociones. Me costaba asimilarlo. Y hasta que no asimilas, no llegas a sentir la emoción que toca. No sabía cómo celebrarlo: si levantar la mano, si tirarme de la piragua, hacia donde mirar con tantas cámaras, con mi familia y mi entrenador alucinando… Con todo el cansancio acumulado… Ya no sabes qué sentir. Es la mejor manera que tengo de explicarlo.

P. ¿Y ya lo ha procesado?

R. A día de hoy aún me cuesta valorar lo que conseguí. Lo primero que sentí, nada más cruzar la meta y sin darme cuenta de que había ganado, fue una satisfacción personal por haber sido mi mejor versión, porque no podía haber hecho nada mejor. No pensé en el resultado. Aquel año no fallé en nada. No es exageración, fue un año perfecto.

P. Se declara un amante de los detalles. ¿Cómo se perfecciona la remada, un movimiento tan repetitivo?

R. Tienes que controlar que el gesto sea ideal, perfecto. Es un movimiento muy hidrodinámico. Y hay que gestionar la fuerza y la resistencia para no llegar exhausto al final, sobre todo cuando te inunda el cansancio y sientes que el siguiente paso sería la muerte [ríe]. Tener todo automatizado para no pensar: como cuando vamos andando, que no pensamos la zancada, lo aprendemos desde pequeños y lo podemos hacer hasta mirando el móvil. Cuantos más detalles cuides, más ventaja sobre tu rival. Eso me encanta del piragüismo.

“Cualquier movimiento que no sea hacia adelante te retrasa, te frena. Tienes que automatizar el gesto para que sea perfecto”

Cooper entrenando en el Centro de Tecnificación Deportiva de Trasona (Asturias) en una piragua individual, el llamado K1. Foto: PACO PAREDES

“No pienso en las cosas que no puedo controlar. Pienso en hacer bien lo que está en mi mano. Si soy mi mejor versión todo está bien”

Cooper realizando trabajo físico en el gimnasio. Foto: PACO PAREDES

“Somos los cuatro mismos palistas desde dos años antes de Tokio y a día de hoy seguimos trabajando y corrigiendo. La sincronización tiene que ser total”

Los miembros del K4 -Saúl Craviotto, Carlos Arévalo, Marcus Cooper y Rodrigo Germade- con los que entrena el mallorquín. Foto: PACO PAREDES

P. Si se atiende al palmarés olímpico, usted y la también piragüista Maialen Chourraut deberían ser los próximos abanderados de España. ¿Ha pensado en ello?

R. Hasta que no se confirme no lo veo real, pero es cierto que esa ley no escrita me debería llevar a mí. He pensado en ello y es otro trabajo que tendré que hacer, el valorar la importancia que tiene. ¡Ostras! Asimilar lo simbólico que es representar a 48 millones de habitantes, especialmente a los deportistas con todo el trabajo y esfuerzo que hay detrás, los valores que portas, el país que me ha hecho llegar hasta donde he llegado… Si llevo la bandera será bonito pensar en todas las personas que están y han estado en mi camino.

P. 3 minutos y 31 segundos fue su marca en el oro de Río. ¿Cómo se lleva saber que tanto entrenamiento se decide en tan poco tiempo?

R. Es comparable a cuando te preparas una oposición. Eres consciente de que todos están como tú y hay que llegar bien al día D. Para mí no es una excusa que no des tu mejor versión porque estás inundado por la presión o los nervios: es parte de tu trabajo. Suena duro, pero pienso así.

Al mallorquín se le han juntado tres grandes ilusiones este año: la próxima cita olímpica, la posibilidad de ser abanderado y varios proyectos empresariales a los que dedica, cuenta, el único día de la semana que no entrena.

P. ¿A qué dedica el poco tiempo libre que tiene?

R. Soy muy inquieto. Me siento incapaz de quedarme en el sofá mirando a un punto fijo. Si no estoy entrenando, estoy frente al ordenador con mis proyectos. El principal es Plan Cooper, que me tiene enamorado y que está relacionado con el deporte principalmente en tres ramas: la deportiva, la psicológica y la nutricional.

P. Aparte del piragüismo, ¿qué le hace feliz?

R. Ver que la gente a mi alrededor esté feliz y saludable, sobre todo en el aspecto deportivo. Y por eso dedico mi tiempo libre y mis proyectos a ello. Cuando veo los motivos por los que una persona me pide ayuda, pienso: “Madre mía, tengo que conseguir que mejore como sea”. Y me pongo como loco de contento cuando veo los progresos.

El talento del deportista…

Cooper es un deportista voraz, un cazador de objetivos que en los últimos tiempos ha aprendido a reflexionar sobre lo logrado. “Soy tan ambicioso que tengo que hacer trabajo de lo que voy consiguiendo: nada me basta y sigo con hambre. Por eso creo que hay que valorar lo que tenemos y de dónde venimos, sobre todo si lo hemos logrado con nuestro esfuerzo”, afirma.

…y el talento del empresario

Al mallorquín le fascina emprender en el campo del deporte, la materia que le apasiona y domina. “Siempre he sido muy inquieto. Soy incapaz de quedarme sentado mirando un punto fijo. Por eso el poco tiempo libre que tengo lo paso frente al ordenador desarrollando y sacando adelante mis proyectos empresariales”, señala.

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