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El 14 de mayo de 2019, Patricia Franquesa se sentó a comerse un bocadillo de calamares en un bar, le robaron el portátil y dos meses después le llegó un mail: “Hola, Patricia. Lamentablemente, esto no es un correo spam. Es un tema serio. He hackeado su pc. No os asustés. Todo irá bien. No me conoces, ni yo a vos. No tengo intención de hacer daño, si seguís esto. Tenéis que ingresar 2.400 dólares americanos a la cuenta de bitcoin siguiente. Tengo las listas de todos sus contactos de trabajo, redes sociales, passwords de mails y acceso a material…
