Mar. May 21st, 2024

Tenemos datos sobre el número de mujeres que trabajan en las distintas disciplinas científicas. Contamos con una legislación que impulsa y obliga a la paridad de sexo en la formación de comisiones, grupos de trabajo, tribunales de evaluación, etc. Esos datos y esa legislación se aplican desde hace varios años en todas las administraciones: autonómica, estatal y europea. Y en la creación de todos estos grupos de trabajo “oficiales” y obligatorios del ámbito científico, en general, no se ha encontrado mucha dificultad para cumplir la paridad exigida. Lógicamente, hay especialidades con un predominio de alguno de los sexos y en ellas hay que buscar con más intensidad representante del sexo menos frecuente, pero en general la formación paritaria de esos grupos se ha desarrollado normal y correctamente. Esto es lo que ocurre en el ámbito público de la ciencia.

Sin embargo, cuando estos grupos científicos son de carácter privado, como por ejemplo los que dependen de las sociedades científicas, los problemas para encontrar mujeres para sus congresos, simposios, reuniones, conferencias, mesas redondas, etc. son, según los organizadores, inconmensurables. Y de esa pretendida dificultad se deriva que todavía se programen actividades científicas y tecnológicas con escasa presencia de mujeres o, directamente, sin una sola mujer como ponente. En los últimos días, hemos visto publicidad de diversas actividades con ese sesgo, lo que ha provocado las protestas de decenas de mujeres en redes sociales.

Cuando a los organizadores de eventos con este sesgo se les alerta de la falta de mujeres en sus actividades, sus respuestas son que no hay mujeres expertas en el tema concreto de la actividad, que lo que buscaban era invitar a los más top, que las mujeres a las que invitaron rechazaron esa invitación o, y esta es una de las respuestas más habituales, que la moderadora es una mujer.

Pero lo que subyace detrás de cada uno de estos eventos que en inglés reciben el nombre de manels (de la contracción de all male panels, todos varones en el panel en castellano) es que o no hay mujeres en esa especialidad o, lo que es más inconfesable, que los organizadores no consideran que las científicas que conocen tengan la suficiente calidad. Respecto a lo primero, sabemos que no es así, en todos los campos de la ciencia y la tecnología hay mujeres, así que la razón debe ser la segunda, probablemente unida muchas veces a falta de destreza o ganas de trabajar al organizar dichos eventos.

El resultado es que estas actividades científicas privadas están lastrando de forma considerable el despegue del reconocimiento de las mujeres. En gran medida son las acciones de las sociedades científicas quienes dan a conocer y ayudan a promocionar las carreras investigadoras. Y en ellas no es nada frecuente la paridad. No hay paridad porque no es obligatorio, porque las decisiones son subjetivas y porque existen grupos de colegas potenciándose entre sí (lo llaman networking) y sin ningún control interno ni externo.

La ausencia de mujeres expertas no solo se produce en las actividades de las sociedades científicas, también es muy frecuente en multitud de eventos organizados por empresas, escuelas, fundaciones, etc. y mucho más si esos eventos son remunerados económicamente como ocurre con mesas redondas, informes para empresas o conferencias, entre otros. Actividades que además no necesitan una superespecialización.

Desde AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas) intentamos estar alerta ante estos actos discriminatorios contras las mujeres, no solo porque sabemos que nuestro nivel de conocimiento es igual al de nuestros colegas varones, sino porque las mujeres también necesitamos recompensas sociales y profesionales que nos estimulen en nuestro trabajo y porque estamos totalmente convencidas de que las conclusiones sobre cualquier asunto siempre serán más científicas, más útiles y más justas para hombres y para mujeres si existe paridad.

Diversos expertos y expertos han analizado cómo acabar con los manels. Hay fórmulas y son bastante sencillas de seguir. La primera es que se necesita el apoyo de los varones. Si eres un varón, te dedicas a la ciencia y la tecnología y te invitan a participar en un evento, pide que te pasen la lista de ponentes. Si en esa lista no hay paridad, no participes en el evento o, mejor, propón el nombre de una colega que pueda sustituirte. Si los organizadores no lo aceptan, lo más decente sería no asistir. También como público, seamos mujeres u hombres, participar en uno de esos eventos sin paridad hace que se perpetúen, así que pensemos en ello antes de acudir a uno. Y para los organizadores: está totalmente demostrado que un grupo de organización diverso, en el que se incluyan mujeres, hace mucho más probable que el resultado sea también más diverso. No inviten a una mujer solo porque sea mujer, hay expertas en todos los ámbitos, búsquenlas porque muchas veces el problema solo es ese, la incapacidad para buscar. Existen recursos que ayudan a ello. En AMIT, por ejemplo, pusimos en marcha una base de datos de expertas que funciona desde 2018 y en la que están inscritas más de 3.900 científicas y tecnólogas, y existen otras listas o relaciones de expertas que pueden utilizarse.

Se trata solo de una cuestión de voluntad y de responsabilidad. Si todas y todos, o, al menos, muchas y muchos nos proponemos acabar con esta forma de discriminación, será mucho más difícil que siga ocurriendo.

Maite Paramio es presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT).

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