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Ene
Julia no participa mucho en clase; tampoco se plantea la posibilidad de hacerlo. Sus compañeros hablan siempre, para todo tienen opinión; incluso sobre la violencia de género y los desproporcionados privilegios de sus compañeras. Sara sí que habla, la única, pero sus palabras quedan impostadas en un ambiente en el que no cuajan. Diego y Andrés reiteran su soberanía en el espacio de la clase, por su insistencia y por sus formas firmes. La pertinencia de las palabras de ambos forman parte de una norma tácita y previa a la existencia de la clase.Miguel, el profesor, realiza un análisis miope…
