Dom. May 19th, 2024

Algunos de los centros científicos más vanguardistas de España se rigen por un sistema paradójicamente muy antiguo: un mismo hombre al mando durante décadas. El médico Bonaventura Clotet dirige el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa desde su creación, hace 29 años en Badalona. El físico Pedro Miguel Echenique preside el Donostia International Physics Center desde el primer día, hace un cuarto de siglo. El químico Eugenio Coronado gobierna el Instituto de Ciencia Molecular de Valencia desde su apertura, hace 24 años. Y no son excepciones. Algunos de los centros más innovadores han reinventado una especie de monarquía.

La química Laura Lechuga, de 61 años, recuerda que muchos de estos centros se crearon al filo del siglo XXI, con prestigiosos científicos al mando. “El problema es que nunca se plantearon la duración del mandato de un mismo director. Esto ha dado lugar a que, en la práctica, nunca haya cambio del director y la mayoría de ellos permanezca en el cargo entre 15 y 20 años, incluso 30 años”, reflexiona Lechuga, jefa de grupo en el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología, en Barcelona. “El peor efecto de estos mandatos eternos es que no hay mujeres directoras. Yo diría que solo el 1% o el 2% de estos centros está o ha estado dirigido por una mujer. En el siglo XXI. Es increíble”, lamenta la química, ganadora del Premio Nacional de Investigación en 2020.

Los datos son reveladores. La bióloga Marga Nadal era hace tres años la única mujer directora en los 41 Centros de Investigación de Cataluña (CERCA), los organismos de excelencia de la Generalitat. Ella era el 2%. Nadal, al mando del Instituto de Investigación Biomédica de Girona, explica que estos centros están regidos por patronatos, compuestos por políticos y altos cargos de hospitales y universidades. Son ellos los que eligen al director. “A mí me pueden echar mañana o me pueden echar dentro de 20 años, es así”, resume Nadal, partidaria de instaurar mandatos de cuatro o cinco años, renovables por otros tantos. “Estar más de 10 años es malo. Y estar más de tres años también puede ser malo. Si no tienes un proyecto, vete a tu casa. Te tendrías que ir tú, no esperar a que te echen”, sentencia.

El hombre que ha dirigido los centros CERCA desde 2011, el biólogo Lluís Rovira, levantó ampollas con unas declaraciones el 1 de febrero. “Mi experiencia es que, a menudo, los directores [hombres] son autoritarios y tienen egos muy fuertes, aunque también encuentras algunos amables con quienes se puede hablar con normalidad”, aseveró en una entrevista con el diario El Punt Avui. El consejero de Investigación y Universidades de la Generalitat de Cataluña, Joaquim Nadal, cesó a Rovira el 15 de febrero “para dar un impulso a la institución”, según confirman a este periódico fuentes de los CERCA. Un portavoz de la Consejería explica que la decisión ya estaba planificada y no tiene nada que ver con las críticas al supuesto autoritarismo de algunos directores. Rovira, partidario de las rotaciones, ha declinado hablar con EL PAÍS.

El físico Lluís Torner explica que él fundó en solitario el hoy puntero Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), en la localidad barcelonesa de Castelldefels, en 2002. Lleva al mando 22 años, pero considera que “no hay que eternizarse” y pidió hace meses su sustitución. “Yo empecé solo. El ICFO tenía una única persona. Yo era el director y me dirigía a mí mismo. Y ahora somos 450″, celebra. Torner rechaza los cargos indefinidos, pero apoya los mandatos largos en centros en construcción, incluso de 30 años si hay evaluaciones periódicas, como ha ocurrido en su caso cada cuatro años. “Como ejemplo y sin querer compararlo, es como si la expedición de Colón va a Cuba y cambian al comandante en las Azores. Lo que hacían los griegos, si su general no funcionaba en las batallas contra los persas, era liquidarlo a su regreso a Atenas, pero no por el camino”, argumenta. El físico Oriol Romero-Isart, de 42 años, será el nuevo director a partir del 1 de septiembre, según confirma Torner.

El físico Lluís Torner, en primera fila con corbata azul, con su equipo del Instituto de Ciencias Fotónicas, en Castelldefels, en 2014.
El físico Lluís Torner, en primera fila con corbata azul, con su equipo del Instituto de Ciencias Fotónicas, en Castelldefels, en 2014.ICFO

Algunos de los últimos relevos en estos centros de excelencia muestran la perpetuación en los cargos. El ingeniero civil Eugenio Oñate dejó en 2022 la dirección del Centro Internacional de Métodos Numéricos en la Ingeniería, en Barcelona, tras 35 años al mando. El médico Lluís Blanch está pendiente de su sustitución en el Instituto de Investigación e Innovación Parc Taulí, en Sabadell, tras 21 años como director. La inmensa mayoría de los dirigentes eternos son hombres, pero hay excepciones. La geógrafa Anna Cabré dirigió el Centro de Estudios Demográficos de Barcelona durante 30 años, desde su creación en 1984. “Ahora tenemos siete directoras en 42 centros [el 17%]. Hemos trabajado mucho para que se presentaran más mujeres a las convocatorias”, explican las mismas fuentes de los CERCA.

El biólogo Emilio Palomares cogió hace tres años las riendas del Instituto Catalán de Investigación Química, en Tarragona, para “dar un giro de 180 grados”, tras dos décadas al mando de Miquel Pericàs, su fundador. Palomares alerta del riesgo de los liderazgos eternos. “Cuando uno lleva mucho tiempo ostentando un cargo de dirección, acaba pensando que todo ha sido gracias a él y se convierte en un chiringuito. Pasa en los centros científicos igual que en la política o en la empresa. Es humano”, reflexiona Palomares, que ha prometido por escrito estar como máximo dos mandatos de cinco años.

Hay que evitar que se llegue a un excesivo personalismo que pueda dañar a la institución

Carmen Vela, exsecretaria de Estado de I+D+I

Uno de los dirigentes perpetuos más conocidos es Paco Sánchez, fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias en 1975 y su director durante 38 años. La bioquímica Carmen Vela, responsable de la ciencia en el Gobierno de Mariano Rajoy, tomó la decisión de buscar un sustituto. “Nosotros promovimos un cambio, porque ya no es que Paco llevase toda la vida, es que el telescopio era él”, recuerda. Vela invita a no hacer juicios injustos. “En algunos casos hay que evitar que se llegue a un excesivo personalismo que pueda dañar a la institución, pero, en la mayor parte de los casos que conozco, el binomio director e institución está funcionando extraordinariamente bien”, opina.

El ingeniero Mateo Valero dirige el Barcelona Supercomputing Center desde su creación hace 20 años. El cardiólogo Valentín Fuster lleva ya 15 años al frente del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, en Madrid. Vela, expresidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, afirma que hay científicas “sobradamente preparadas” para ocupar las direcciones de este tipo de institutos, pero cree que no hay que forzar el inevitable cambio generacional. “Estos centros son excelentes, son referentes internacionales. Pienso en Pedro Miguel Echenique, Mateo Valero, Valentín Fuster, Lluís Torner… Son personas tan absolutamente fuera de la media, rozando la excepcionalidad, que no creo que debamos intervenir, pero sí les pondría este tema sobre la mesa para que lo consideren. Yo no sería demasiado intervencionista”, sostiene Vela.

El médico Anthony Fauci recibió una ovación en su retirada, tras 38 años al frente del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, en Bethesda (EE UU).
El médico Anthony Fauci recibió una ovación en su retirada, tras 38 años al frente del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, en Bethesda (EE UU).NIH (LK PHOTOS)

Preguntado por si se plantea acotar los mandatos de los directores, el Ministerio de Ciencia, encabezado por Diana Morant, se limita a responder que, además de la duración, hay que tener en cuenta la calidad de las investigaciones y “los resultados en base a los objetivos marcados”. Un portavoz de la consejería catalana explica que no hay cambios normativos a la vista. “La Ley de la Ciencia de Cataluña, en vigor desde el año pasado, no establece limitaciones de mandatos en las direcciones de los centros CERCA participados por la Generalitat. Las directrices corresponden a los patronatos o consejos de gobierno de cada centro”, subraya. Las imágenes son elocuentes. Seis centros de investigación de excelencia constituyeron en 2015 The Barcelona Institute of Science and Technology para impulsar un proyecto común. Los 20 prestigiosos miembros de su patronato eran hombres. Casi una década después, son 19 hombres y tres mujeres.

El médico Bonaventura Clotet coincidió en 1981 con el primer caso de sida descrito en España y decidió dedicar su vida a esta enfermedad, que desde entonces ha matado a más de 40 millones de personas en el mundo. “Esto empezó como un proyecto personal. Conseguí convencer a la Generalitat y, con la ayuda de la Fundación “la Caixa”, montamos el primer laboratorio de retrovirus que existía en Cataluña. Empezamos cuatro personas y ahora somos 120″, rememora el experto, que dirige el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa desde 1995, recibiendo auditorías periódicas. “A nosotros nos evalúan continuamente y esto es innegociable. Nadie tiene que estar aposentado para siempre”, señala.

¿Se puede ser director tanto tiempo sin crear malos hábitos y malas praxis?

Laura Lechuga, química

Clotet recalca que la situación es similar en organismos de otros países. El célebre médico estadounidense Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas durante 38 años, renunció en 2022 recordando que había trabajado para siete presidentes, desde Ronald Reagan a Joe Biden. A juicio de Clotet, lo esencial en un director es ofrecer ideas, dar “absoluta independencia” a sus investigadores y promocionar a los mejores, manteniendo una paridad de sexos. En IrsiCaixa, afirma, hay un 60% de mujeres.

“El manejo interno de un gran equipo requiere un líder o una líder. Esto es como los entrenadores de fútbol de equipos muy buenos: el problema más complicado es manejar los egos”, opina. “Somos el grupo más importante de España en investigación de enfermedades infecciosas e inmunología. Creo que el proyecto ha sido muy útil para el país. Cuando yo no pueda aportar nada, no seguiré”, argumenta Clotet, que tras 29 años como director sigue “con fuerzas y energía”.

Los ejemplos se encuentran por toda España. El microbiólogo Eugenio Santos acaba de dejar la dirección del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, tras 25 años en el poder. El químico José María Mato dirige el Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias (CIC bioGUNE) desde su creación, hace 19 años en el Gran Bilbao. El físico Rodolfo Miranda está al mando del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Nanociencia desde hace 17 años. La bioquímica Maria Lois, directora del Centro de Investigación en Agrigenómica desde hace apenas dos años, cree que “un plan de medidas de apoyo durante la dirección y después de dejarla” haría el cargo más atractivo, incrementaría las candidaturas y facilitaría las salidas. “Y cuanta más rotación, mayor diversidad”, sentencia.

La química Laura Lechuga destaca que los mandatos de dirección en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) duran cuatro años y se pueden renovar. Los rectores de las universidades pueden estar un máximo de seis años, improrrogables. “Por muy buenos científicos y gestores que se hayan seleccionado para el puesto de dirección, ¿se puede ser director tanto tiempo sin crear malos hábitos y malas praxis?”, se pregunta Lechuga, también investigadora del CSIC. “Esto suele derivar, claramente, en dinámicas muy poco sanas dentro de los centros, convirtiéndose al final en auténticos reinos o chiringuitos del director de turno. Dado el poder que acumulan estos directores, pueden llegar a manejar, según su único criterio, presupuestos millonarios, el reparto de los espacios, las plazas, los despidos, las infraestructuras”, opina la química.

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