Dom. Jun 23rd, 2024

El plan contra el tabaco que tiene ya redactado el Ministerio de Sanidad se ha encontrado en su tramitación con un primer obstáculo: cuando, la semana pasada, estaba a punto de llegar al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, los directores de Salud Pública de las consejerías gobernadas por el PP pidieron tiempo para hacer alegaciones. Este viernes, la ministra Mónica García ha recibido el apoyo de las principales sociedades médicas y asociaciones en torno al tabaquismo para publicarlo cuanto antes y empezar una hoja de ruta que tendrá que concretarse en normas y leyes para ampliar espacios libres de humo, endurecer la legislación para productos como el vapeo o subir impuestos, entre otras medidas.

Ramón Reyes (Sabiñánigo, 73 años) es presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer, una de las organizaciones que ha participado en la reunión de este viernes con la ministra. En una terraza junto al ministerio, a unos metros del Paseo del Prado de Madrid, y bañado por el humo de una mesa contigua, explica su posición sobre el plan.

Pregunta. ¿Respaldan el plan del ministerio?

Respuesta. Absolutamente. Es la última oportunidad de dar un paso adelante en algo que es vital de la salud del país, sobre todo de los jóvenes. Todavía hay nueve millones de personas que fuman en España; por debajo de 19 años fuman el 33%, y es ahora cuando debemos abordar la regulación para proteger a la población. Porque el tabaco mata. El 50% de quienes fuman acaban muriendo de alguna enfermedad relacionada con el tabaco, de cáncer y otras muchas cosas.

P. ¿Qué líneas considera más importantes del plan?

R. Hará falta aterrizarlo en leyes, pero todo lo que está en el plan esbozado va en la dirección correcta: la asimilación de las nuevas formas de fumar [como el vapeo o el tabaco calentado] con el tabaco tradicional, en lo que se refiere a legislación, imposición, publicidad, puntos de venta y zonas libres de humo; está también el envasado neutro; la subida de impuestos… hay que subir el precio del tabaco. Estábamos el otro día en una reunión de la Asociación de Ligas Europeas del Cáncer, y solo en España y Croacia valía unos cinco euros la cajetilla; en el resto estaba por encima de 10. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya lo ha dicho: si se sube un 50% el precio del tabaco dejan de fumar automáticamente 50 millones de personas en el mundo.

P. Las comunidades del PP han pedido hacer alegaciones. ¿Teme que frenen o impidan la aprobación del plan?

R. Estamos hablando de la salud del país, de los jóvenes, de muertes. Espero que esto esté por encima de los partidos. Confío en que sea así. Vamos a trabajar directamente en todas las comunidades con este mensaje: tenemos que hacer frente al problema.

P. El plan habla de ampliar espacios libres de humo, sin hacer referencias concretas de cuáles. ¿Hasta dónde deberían llegar?

R. No se puede fumar en un lugar donde haya otras personas que no fumen, especialmente niños. Es así de sencillo. Las terrazas son un sitio que hay que regular. Nada más sentarnos aquí un señor me ha atufado. De los ocho millones de muertes al año que hay en el mundo por tabaco, un millón es por humo de segunda mano como el que nos estamos tragando. Hay que proteger la libertad de las personas que no fumamos. Tenemos que evitar que los jóvenes asocien la libertad a fumar.

P. Insiste mucho en los jóvenes.

R. Sí, se ha banalizado el vapeo, y es peligrosísimo. Están todos los influencers vapeando por razones que las tabacaleras conocen. Esta industria está creciendo por ahí todo lo que puede, [los vapeadores y sus líquidos] se venden en cualquier sitio.

P. Recientemente, se ha descubierto que el vapeo causa cambios celulares en la boca similares a los que produce el tabaco.

R. Se dice que es inocuo y no es verdad. Se han demostrado esos cambios en el ADN, pero es que además es una puerta de entrada al tabaco. Los chicos que vapean tienen tres veces más probabilidad de empezar a fumar cigarrillos. Las tabacaleras lo tienen clarísimo: solo el 5% de las personas que empiezan a fumar lo hacen por encima de los 25 años, con lo cual están dirigiéndose donde les interesa. Y es muy perverso.

P. Parte de esta industria defiende que el vapeo puede servir para la deshabituación tabáquica.

R. Si es para dejar de fumar, véndalo en farmacias y prescrito por un médico, no en un bazar.

P. ¿Cree que con el clima político actual se va a llegar a los consensos necesarios para sacar adelante las medidas que propone el plan?

R. Me gustaría pensar que los políticos no van a dejar pasar esta oportunidad. Tenemos que convencerles de que no se tiren los trastos a la cabeza con una cosa tan seria. Si solo hablamos de espacios sin humo, se tiran los trastos. Pero el PP presentó una Proposición no de Ley sobre nuevos productos para fumar que era igual que otra de Sumar. En esto están de acuerdo, pero se desalinean cuando hablamos de las terrazas. El plan integral tiene muchísimas medidas, y los espacios sin humo son solo una.

P. Es una simplificación, ya que el plan ni siquiera menciona las terrazas, pero es lo que más cala en el debate social.

R. El plan no va de terrazas ni de libertad, sino de proteger a la gente. Libertad no es fumar en una terraza, es poder disfrutarla sin humo. Pero el principal problema no reside ahí, sino en que están todos los menores vapeando. Hay una enfermedad emergente que se llama EVALI, que es una especie de fibrosis pulmonar asociada al vapeo. Además, genera una enorme adicción. Pero parece que no hace nada, sabe a fresa, no huele…

P. El plan llevaba más de dos años en un cajón. ¿Por qué llega tan tarde?

R. Porque no se habían dado las circunstancias sociopolíticas para abordarlo como se dan en este momento. Ahora creo que tenemos una voluntad política para sacar adelante esto, que espero que sea apoyada por todos los partidos. Y no se había identificado la emergencia social del vapeo en los jóvenes hasta ahora. La sensibilidad hacia la salud, unida a la sensibilidad de los jóvenes hacia el medio ambiente, hace que ahora sea un buen momento.

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