Sáb. Mar 2nd, 2024

Una madrugada de enero de hace 26 años, un barco, el Discoverer Enterprise, convirtió Ferrol en prácticamente una isla. Los fuertes vientos empotraron la plataforma petrolífera contra el puente de As Pías. En ese momento era su principal, casi único, eje de comunicación. El cineasta ferrolano Alberto Gracia emigraba a Barcelona no mucho tiempo después. Desde entonces, cada vez que visita su ciudad se encuentra con un salto en el tiempo, un desfase que él define como “un desfase temporal”. “Sigue habiendo los mismos coches, la gente se sigue vistiendo igual, pero el tiempo sí que ha hecho mella en ellos. Si no fuera por los teléfonos móviles, no sabrías en qué época estás viviendo”, comenta el director desde el festival de cine de Róterdam. Para reflejar ese extrañamiento, Gracia da el mismo nombre a su película —con la que compite estos días en el certamen neerlandés— que el de una legendaria pensión situada en el centro de Ferrol: La Parra, un lugar por el que transitan excéntricos personajes desde hace 55 años .

El cineasta aprovecha las condiciones de ese limbo en el que está ese hostal, suspendido en “un presente pasado”, para analizar el abandono que la ciudad y la región viven desde hace décadas y que se traduce en una perenne depresión económica. “Ferrol es el paradigma de la vieja Europa, una ciudad histórica, racionalista, militarizada, fruto de la industrialización y del desarrollismo”, apunta.

En su relato, Damián, un hombre de mediana edad que vive de forma precaria en Madrid, regresa a su ciudad natal al recibir la noticia de que su padre ha muerto. Como la Alicia de Lewis Carrol, como el Roquentin de Sartre, el ficticio protagonista de La parra atraviesa el espejo hacia un lugar real, aunque absurdo y alienante, “que se desintegra poco a poco”, apunta el director. Actores profesionales como Alfonso Míguez y Emilio Buale comparten plano con la presencia amateur de Pilar Soto, la dueña de la pensión, y algunos de sus clientes auténticos.

Ese negocio en la ferrolana Rúa Carme es también el reflejo de un cine al que el gallego aspira, a pesar de considerarlo en extinción y al que dedica la película en sus créditos finales: “Es el de los años setenta, ese cine que nos proporcionaba principios donde solo había fines”, recita. “En ese momento, el cine era central en las subjetividades humanas. Incluso sus títulos más comerciales planteaban preguntas esenciales y existenciales al espectador”.

Actores profesionales y la clientela habitual de La Parra coinciden en la onírica aventura rodada por Alberto Gracia.
Actores profesionales y la clientela habitual de La Parra coinciden en la onírica aventura rodada por Alberto Gracia.BEGIN AGAIN FILMS

Gracia no reniega de la etiqueta de Novo Cinema Galego creada hace décadas y que ha vuelto a brillar en los últimos años, pero tampoco se siente identificado con ella. “Galicia tiene un sistema de producción de cine envidiable comparado con el de buena parte de España. Pero el resultado son películas ancladas en lo rural. Muestran vaquitas y paisajitos y una imagen paradójicamente conservadora, porque es lo que funciona en los festivales internacionales de cine. Casi nadie mira las ciudades”, lamenta. “No me quiero desmarcar de esa generación de directores, porque aprendo de ellos, pero yo no vivo en Galicia desde que tengo 20 años”, admite.

Lo cierto es que la marca funciona. Una red de creadores conectados entre sí y con una sensibilidad estética similar atraen la atención de los programadores. Jaione Camborda se convirtió hace unos meses en la primera directora española en lograr la Concha de Oro en el festival de cine de San Sebastián con O corno, rodada en gallego. Antes, esta vasca afincada en Santiago de Compostela se había encargado de la dirección de arte de algunos de los trabajos de Lois Patiño. Y la reciente Matria, debut en el largometraje de Álvaro Gago, comparte a su actriz protagonista, María Vázquez, con Trote, el de Xacio Baño en 2018. El propio Gracia ha colaborado a menudo con Óliver Laxe (Lo que arde), un fijo en Cannes con todos sus largometrajes.

Alberto Gracia durante el rodaje de 'La parra'.
Alberto Gracia durante el rodaje de ‘La parra’.BEGIN AGAIN FILMS

El director de La parra está abonado al festival de Róterdam, donde ya estrenó sus dos primeras películas. Con esta tercera recuerda por momentos, en especial cuando recurre a las imágenes de archivo del accidente del buque Discoverer Enterprise, a otra película española que estrenó este festival de cine, El año del descubrimiento, ganadora de dos premios Goya en 2021 y que se remontaba a la revuelta obrera en la región de Murcia en 1992, año crucial para España. Gracia no se considera nostálgico, pero sí defiende algo tan gallego como la cultura de la melancolía. En su caso, se aferra al concepto tal y como lo hacen los poetas y algunos pensadores contemporáneos. “La gran metáfora de este siglo es la oscuridad, porque no tenemos ninguna certeza, ni filosófica, ni política. La mirada melancólica que ellos defienden es como el momento en que Orfeo se gira para mirar a Eurídice. Por un lado, esa mirada observa la oscuridad del mundo y, por otro, contempla la ilusión”.

En esta edición, la presencia española destaca en el festival de cine de Róterdam. Además de La parra, participan en distintas secciones del certamen Aritz Moreno (Ventajas de viajar en tren) con su segundo largometraje, Moscas, y Jaime Puertas con Historia de pastores. Dalí es el protagonista de lo nuevo de Quentin Dupieux, también en el certamen, y el documentalista estadounidense James Scott condensa en algo más de una hora el medio siglo que ha pasado estudiando la obra de Antoni Tàpies en la experimental Elements Of A Journey.

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