Mar. May 21st, 2024

La literatura gótica anticipó conceptos sobre la categoría médica de la psicopatía y las particularidades de los asesinos en serie y, años después, la novela negra avanzó algunas de las características de estos, posteriormente avaladas por la ciencia. Esa es la principal conclusión del libro El monstruo y el asesino en serie. De Frankenstein a Hannibal Lecter, un ensayo del catedrático de Educación y Criminología Vicente Garrido y el doctor en Derecho Virgilio Latorre. En él, exponen cómo cuatro títulos (Frankenstein, El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, El retrato de Dorian Gray y Drácula) se saltaron y rebelaron ante las tesis criminológicas del momento y guiaron la posterior definición de los asesinos en serie. Ya en el siglo XX, varias novelas negras y películas avanzaron el arquetipo y las conductas de los psicópatas. Esta literatura traspasó las dos teorías más extendidas: la marginación como requisito para el criminal y la neurofisiología, que sostiene que la violencia proviene de alteraciones neurofuncionales.

Pregunta. ¿Qué tienen en común los personajes de esas obras de la literatura gótica?

Vicente Garrido. Todos tienen necesidad de matar y representan características de la psicopatía y ausencia de conciencia de culpa. Los libros reflejan monstruos en capas sociales elevadas. El mensaje es revolucionario: no busquéis entre los desgraciados.

Virgilio Latorre. Los cuatro libros tienen un eje común que tiene que ver con la construcción de la identidad. Los fracasos de esa construcción de identidad son los que llevan a la violencia.

P. ¿Cómo surge el libro?

V. G. Hace años que novelas y películas me daban mucho que pensar y quise indagar sobre la literatura gótica y la novela negra para saber si habían seguido o se habían rebelado contra las tesis y habían desafiado los paradigmas de la época. Se lo propuse a Virgilio y así fue como vimos que los científicos habían seguido las líneas de los escritores en las características de los psicópatas y de los asesinos en serie.

P. ¿Qué señales sobre asesinos en serie da Frankenstein, por ejemplo, que luego fueron desarrolladas por la ciencia?

V. G. Frankenstein desafía el paradigma de la fisionomía, que determinaba que seres horribles no podían ser bondadosos ni dotados intelectualmente. Era la tesis que imperaba en la época y, sin embargo, Mary Shelley describe en el libro a un hombre elocuente e inocente.

V. L. Representa la identidad fracturada. No puede construir su identidad porque no alcanza el reconocimiento de terceros. Es eso lo de que le lleva a la marginación y a las acciones violentas, no su aspecto. Lo monstruoso no es el sujeto, sino el delito.

P. ¿Y en el caso de Jekyll y Mr. Hyde?

V.G. En este caso, Stevenson crea la figura del doble. La criminología estaba entonces asentada en la teoría del criminal nato y no es hasta después de la II Guerra mundial cuando los científicos admiten que el entorno no hace al asesino. El doctor Jekyll era un hombre respetable que, en su interior, no era feliz y crea otro ser sobre cuyas acciones no tiene remordimientos. Es este libro el que crea el modo de vida de un asesino en serie. Con Dorian Gray se profundiza en el concepto de psicópata integrado que, desde su buena reputación, manipula y corrompe.

V.L. Jekyll y Mr. Hyde es el antecedente de la teoría de la sombra, el lado oscuro de la personalidad, que se expuso a principios del siglo XX, cuando el libro es de 1886. En el caso de Jekyll, cuando se da cuenta de que la sombra le ha invadido, decide suicidarse. El psiquiatra Carl Jung expuso cómo se ha de conjugar el yo sombra con el yo consciente y solo así se logra una identidad sana. En el caso del retrato de Dorian Gray se produce un proceso de negación de la identidad y la búsqueda de otra. El fracaso del desarrollo de esa otra identidad es la que genera actos violentos. Y con la novela negra, son las mismas conductas y los mismos mecanismos que luego detalla la ciencia. La anticipación es asombrosa.

P. ¿Por qué despiertan tanta atracción los asesinos en serie?

V.G. Hay razones biológicas, antropológicas y culturales. El asesino en serie es el depredador del género homo. El 99,5% de nuestra historia evolutiva la hemos vivido como cazadores. Nos fascina porque evolutivamente estamos predestinados a mantenernos alerta. No es morbo, es parte de nuestra naturaleza.

V.L. Hay varios elementos que nos resultan atractivos: el aspecto romántico del villano ante la policía y que representa los anhelos que no somos capaces de llevar a cabo, pero también la idea del chivo expiatorio porque nos tranquiliza que lo castiguen y nos reconforta en nuestra idea de represión de esos anhelos que no nos atrevemos a hacer.

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