Vie. May 24th, 2024

El catedrático Juan Manuel Corchado quiere ocupar el legendario trono del filósofo Miguel de Unamuno: el de rector de la Universidad de Salamanca. Corchado, especializado en inteligencia artificial y ciberseguridad, es uno de los científicos con mayor impacto del mundo, según los datos de Google Académico. Sus cifras son apabullantes: más de 45.000 menciones a su trabajo. Lo chocante es que muchísimas de esas menciones proceden de sí mismo. En un documento sobre la covid firmado solo por él, escribe cuatro párrafos insustanciales e incluye un centenar de citas a sus trabajos anteriores, que nada tienen que ver con el coronavirus: estudios sobre vertidos de petróleo, turismo, pronósticos financieros e incluso los niveles de dióxido de carbono en el océano.

Corchado, nacido hace 52 años en Salamanca, niega en una entrevista telefónica con EL PAÍS que esté haciendo trampas para hinchar artificialmente su impacto científico real. En los últimos años, ha subido a internet multitud de textos muy breves acompañados por una enorme cantidad de citas a sí mismo. Como los sube al repositorio científico de su universidad, el motor de búsqueda de Google Académico los registra y los tiene en cuenta para elaborar sus indicadores. Con sus 45.000 menciones, Corchado tiene aparentemente más impacto que los grandes referentes mundiales en su campo. La ingeniera israelí Sarit Kraus, última ganadora del premio a la excelencia en la prestigiosa conferencia internacional IJCAI, tiene 29.000 citas. El científico Milind Tambe, experto en inteligencia artificial en Google y en la Universidad de Harvard (EE UU), tiene 38.000.

Fragmentos de un documento de cuatro párrafos sobre la covid con un centenar de autocitas, subido por Juan Manuel Corchado al repositorio científico de la Universidad de Salamanca.
Fragmentos de un documento de cuatro párrafos sobre la covid con un centenar de autocitas, subido por Juan Manuel Corchado al repositorio científico de la Universidad de Salamanca.

Un denunciante anónimo comunicó a EL PAÍS las extrañas prácticas de Corchado el 21 de abril de 2023, después de que este periódico destapara la participación de científicos españoles en una trama saudí para amañar el ranking de universidades. El informante insistió el pasado viernes, día 8, después de que Corchado anunciase su intención de presentarse a rector de la Universidad de Salamanca, tras la inesperada dimisión del que estaba en el cargo. Este diario comprobó entonces la existencia de los documentos breves llenos de autocitas y también constató que al menos tres científicos aparentemente inventados —Juan Rodríguez, A. Pérez y Marcus Ress— hinchaban las menciones a Corchado con pseudoestudios similares colgados en el repositorio ResearchGate, otra de las fuentes habituales de Google Académico. Este periódico comenzó el martes, día 12, a hacer preguntas en el entorno del catedrático, y los polémicos documentos empezaron inmediatamente a desaparecer de internet.

Las explicaciones de Corchado son confusas. Afirma que los cuatro párrafos con un centenar de autocitas, y otros muchos textos similares, eran ejercicios para enseñar a sus alumnos a escribir un estudio científico, pero no especifica qué cursos eran esos. Los documentos analizados por este diario son más bien un ejemplo de cómo no redactar un estudio: información banal con multitud de autocitas ajenas al tema. Corchado sabía que esos escritos hinchaban artificialmente su currículum en Google Académico. La organización estadounidense Retraction Watch, especializada en fraudes científicos, reveló las prácticas del catedrático en marzo de 2022, pero Corchado mantuvo su conducta. “Eran documentos que hice para mis estudiantes, estaban ahí y ni me había preocupado por ellos, la verdad”, sostiene ahora.

El aspirante a rector cuenta que él no creó los perfiles falsos dedicados a citar compulsivamente sus estudios. Asegura que fue un antiguo colaborador. “Fue una persona que tuvimos aquí y hacía cosas muy raras. Básicamente se empeñó en demostrar que ResearchGate era una red que no funcionaba y que lo de las citas era un cuento. Empezó a crear perfiles de gente, para hacer daño”, afirma. Corchado asegura que él y su equipo acaban de borrar esos perfiles de investigadores inexistentes.

—¿Cómo pudieron ustedes borrar los perfiles falsos de ResearchGate si no eran sus creadores y no tenían la clave?

—Bueno, porque yo me dedico a la ciberseguridad.

—¿Y por qué ayer?

—No fue ayer, ha sido esta mañana [el miércoles 13], que me han dicho que ya los podemos borrar. Básicamente, porque desde hace una semana estamos intentando revisar todo lo que he publicado, porque me voy a presentar a las elecciones a rector.

El matemático Domingo Docampo, antiguo rector de la Universidad de Vigo, lleva años denunciando la existencia de “granjas de citas”: redes de científicos tramposos que pactan citarse unos a otros para ascender artificialmente en los rankings internacionales. “Es bien sabido que hay investigadores que utilizan procedimientos deleznables para incrementar artificialmente la visibilidad de sus aportaciones científicas”, lamenta. “La manera de burlar la buena fe de servicios como Google Académico es almacenar en repositorios institucionales informes banales atestados de citas científicas a la obra de uno o más investigadores, sin venir a cuento”, explica.

Docampo detalla que es muy sencillo detectar este tipo de trampas. Otras bases de datos habituales, como la Web of Science o Scopus, no incluyen cualquier documento aparentemente académico subido a un repositorio institucional. Un científico debería tener un número de citas más o menos similar en todas estas plataformas. “Incrementos por encima del 500% son indicativos de comportamientos irregulares: es la prueba del algodón”, afirma el matemático. Juan Manuel Corchado tiene 8.700 citas en la Web of Science, frente a las 45.000 en Google Académico: cinco veces más.

Perfil de Juan Manuel Corchado en Google Académico, inaccesible desde el 12 de marzo.
Perfil de Juan Manuel Corchado en Google Académico, inaccesible desde el 12 de marzo.

Ramon López de Mántaras, de 71 años, fundó hace tres décadas el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial, en Cerdanyola del Vallès (Barcelona). Fue pionero en la disciplina, en 1975, y desde entonces ha ganado multitud de galardones, incluidos los más prestigiosos en España (como el Premio Nacional de Investigación), Europa (el de la asociación EurAI) y EE UU (el de la organización IJCAI). López de Mántaras tiene 10.000 citas, según Google Académico. “No pasa nada por citar tus trabajos previos, pero tiene que ser con sentido común y, sobre todo, de manera justificada. Eso es lo normal. Lo que no es normal es que la mayoría de tus citas sean autocitas. Y lo que no tiene sentido en absoluto es que el tema del artículo no tenga nada que ver con la lista de referencias que pones al final”, señala.

Juan Manuel Corchado dirige el grupo de investigación BISITE, con más de 200 miembros, incluido su hermano Emilio, coautor habitual de sus estudios. El equipo mueve millones de euros cada año. El propio Corchado viajó en noviembre a Emiratos Árabes para presentar un “proyecto de creación de un gran gemelo digital que modele la economía digital, la tokenización [convertir datos sensibles en formatos encriptados] y las monedas digitales a nivel mundial”, con una financiación inicial de dos millones. Además, es responsable de siete másteres diferentes en la Universidad de Salamanca, ha colaborado con la Oficina Europea de Policía (Europol) en métodos de detección de terroristas en Twitter y es miembro de la comisión técnica de la Plataforma Tecnológica del Vino, entre otras muchas actividades variopintas.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) actualiza cada año el ranking de investigadores españoles en Google Académico, con más de 123.000 científicos. El catedrático Juan Manuel Corchado aparece en el puesto 157. La prensa local de Salamanca suele celebrar esta posición del salmantino en la élite científica. El biólogo Isidro Aguillo, editor del ranking y responsable del Laboratorio de Cibermetría del CSIC, explica que es absolutamente inusual que un investigador suba documentos breves plagados de autocitas a los repositorios institucionales. Aguillo pide sanciones para los tramposos. “Mi preocupación es la impunidad”, señala el experto, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos, en Madrid.

La presidenta del comité de ética de la Universidad de Salamanca, la historiadora de la ciencia Bertha Gutiérrez, afirma que no ha recibido ninguna queja sobre las prácticas de Corchado en el año que lleva en el cargo. La propia Gutiérrez formaba parte de la anterior candidatura a rector de Corchado, en 2017, cuando fue derrotado. La historiadora iba a ser una de sus vicerrectoras. Todavía no se sabe si repetirá en la nueva candidatura. La situación en la Universidad de Salamanca es insólita: tras la inesperada dimisión del rector, Ricardo Rivero, el día 7, una semana después renunció por sorpresa su sustituta provisional, María José Rodríguez Conde. Ambos alegaron “motivos personales”.

Mi preocupación es la impunidad”

Isidro Aguillo, responsable del Laboratorio de Cibermetría del CSIC

Alberto Martín, experto en la herramienta Google Académico, analizó el caso de Juan Manuel Corchado en 2022 a petición de la organización Retraction Watch. “Los resultados mostraban manipulación. Tenía un porcentaje de autocitas bastante alto y muchas citas provenían de documentos solamente disponibles en ResearchGate, donde cualquiera puede subir cualquier cosa. Los autores parecían ser personas que no existen en realidad o, al menos, no pudimos encontrar más información sobre ellos”, recuerda el investigador, de la Universidad de Granada. Según su análisis, alrededor de la mitad de las citas recibidas por Corchado en Google Académico eran autocitas o procedían de documentos sospechosos.

Martín ha intentado actualizar su análisis, a petición de EL PAÍS, pero el martes 12 los controvertidos documentos de Corchado iban desapareciendo de internet según los iba leyendo. “En un repositorio académico, alguien que deposita documentos no los puede eliminar. Esto iría en contra del registro académico, porque esos documentos, en teoría, podrían haber sido citados y, si se eliminan a posteriori, el nuevo conocimiento que se hubiera generado a partir de ellos se queda sin base”, advierte. Además de borrar estos artículos, Corchado ha desactivado su perfil de Google Académico. La última vez que este periódico pudo acceder a él fue ese mismo día.

Corchado insiste en que no tiene ninguna necesidad de hacer trampas en Google Académico. El investigador también aparece en el ranking de científicos más citados elaborado por la Universidad de Stanford (EE UU), que utiliza la información de otra base de datos, Scopus, centrada en auténticas revistas científicas. Corchado es muy citado en parte porque es hiperprolífico: tiene 750 documentos en Scopus, con unas 12.000 citas. Ha publicado más de una vez a la semana durante años. En Google Académico, su actividad es todavía más descomunal: 2.100 documentos y 45.000 citas. Esa producción extra está plagada de autocitas.

El perfil de Google Académico apenas se tiene en cuenta en los procesos de evaluación formales de los científicos en España, pero cuando se pone el nombre de un investigador en Google suele ser lo primero que aparece, según recalca Alberto Martín. “Unos indicadores apabullantes como los que se muestran en su perfil [el de Corchado] pueden contribuir a generar una imagen de excelencia, que luego puede revertir en algún beneficio, como invitaciones y peticiones de colaboración”, subraya. “Además, rankings como el elaborado por el CSIC con datos de Google Académico suelen ser empleados por los medios de comunicación locales, cada vez que son actualizados, para exaltar la excelencia de los investigadores que salen bien en la foto. Esto puede contribuir a construir su poder político”, opina.

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