Dom. May 19th, 2024

El Parlamento georgiano comenzará este lunes la tercera y definitiva lectura del polémico proyecto de ley “Sobre la transparencia de la influencia extranjera”, una medida inspirada en la legislación con la que el Kremlin ha proscrito a la oposición rusa. El país ha vivido varias semanas de protestas contra la reforma: este domingo continúan las manifestaciones que el sábado llevaron a decenas de miles de georgianos a tomar las calles de la capital, Tbilisi, contra una reforma que temen que haga pedazos el camino emprendido hacia su adhesión a la Unión Europea y abra la puerta a un Gobierno más autoritario. “Nada ni nadie podrá detener la voluntad del pueblo”, aseveró la presidenta electa georgiana, Salomé Zurabishvili, a favor de la integración del país en el bloque comunitario y en contra de la ley promovida por el partido Sueño Georgiano, vinculado a su vez con Moscú. Una vez aprobado el texto por la cámara, el documento deberá ser ratificado por la firma de Zurabishvili.

Una concentración masiva coronó el sábado semanas de manifestaciones en el centro de la capital georgiana. Según la oposición, entre 100.000 y 200.000 personas secundaron la protesta contra el polémico proyecto de ley. Para el partido gobernante, favorecido por un sistema político unicameral que entrega un control férreo de todas las instituciones a la formación con más votos, la concentración fue más modesta pese a las imágenes de las calles atestadas de gente. “No se juntaron ni siquiera 20.000 personas”, dijo a su vez el jefe de Sueño Georgiano en el parlamento, Mamuka Mdinaradze.

El ambiente en Georgia se ha vuelto más tenso a medida que se aproxima la fecha de la votación. La semana pasada fueron agredidos por encapuchados tres opositores cuando salían de sus respectivos domicilios. Uno de ellos fue Dimitiri Chikovani, secretario de Relaciones Públicas del Movimiento de Unidad Nacional (MUN), el partido mayoritario dentro de una fragmentada oposición. Chikovani indicó este domingo por la tarde mediante conversación telefónica que no dejará de protestar: “Dentro de unas horas acudiré enfrente del Parlamento a pasar allí la noche. El Gobierno intentó la semana pasada amedrentarnos, pero ese régimen de terror no funciona con los georgianos. Dieron unas palizas y al día siguiente [por el sábado] salimos más de 100.000 personas a las calles”.

“Protestar, protestar y protestar”

La última lectura del comité que estudia el proyecto de ley se celebrará este lunes y el martes se convocará una sesión plenaria para votarla. En caso de que finalmente resulte aprobada, ¿qué pretende hacer la oposición? Chikovani lo tiene claro: “Protestar, protestar y protestar. Si 150.000 personas en las calles no son suficientes, sacaremos a medio millón”.

Aunque Moscú insiste en que la ley de agentes extranjeros original procede de Estados Unidos, la versión rusa es absolutamente diferente y permite proscribir a cualquier persona u organización que difiera de la línea oficial del Kremlin. A grandes rasgos, si la normativa del país norteamericano solo exige publicar las cuentas a aquellas personas que trabajan políticamente para Gobiernos extranjeros, la rusa permite vetar de cualquier actividad pública y meter en una lista negra a quien sea acusado de pensar “bajo influencia exterior”.

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Los georgianos protestan contra un proyecto de ley a la rusa que dará vía libre a las autoridades para exigir a los medios y organizaciones no gubernamentales todo tipo de información personal de sus contactos. Además, la oposición georgiana teme que este sea el primer paso hacia una represión mucho mayor. El sábado, mientras los georgianos protestaban, en Rusia la fiscalía de San Petersburgo exigió a las librerías que dejen de vender libros de autores declarados agentes extranjeros.

La oposición y las ONG acusan a Sueño Georgiano de utilizar todos los resortes legales de su sistema político para acallar cualquier disidencia, desde el control de la justicia a la exclusión de las formaciones minoritarias en los comités parlamentarios. Además, la policía ha reprimido violentamente las manifestaciones contra la ley de agentes extranjeros y algunos políticos opositores fueron atacados por desconocidos.

Los 27 países miembros de la Unión Europea dieron en diciembre su visto bueno al inicio de las negociaciones con Georgia, Moldavia y Ucrania —todos ellos vistos por el Kremlin como su esfera de influencia—, para su integración en el bloque comunitario. El grupo impuso al país del Cáucaso a cambio una hoja de ruta “para garantizar la democracia y el imperio de la ley”. La nueva ley promovida por Sueño Georgiano lo aleja de esta meta.

Un delicado equilibrio

El partido gobernante trata de consolidar el poder a la vez que mantiene un delicado equilibrio entre la Unión Europea y Rusia. Según las encuestas realizadas por el Centro de recursos de investigación del Cáucaso (CRRC Georgia) y varios institutos estadounidenses, alrededor de un 80% de los georgianos quieren formar parte del bloque comunitario. El inicio de conversaciones con Europa ha dado un importante impulso a Sueño Georgiano en los sondeos: obtendría un 36% de los votos frente al 21% del principal partido opositor, y en el sistema georgiano, el más votado gana todo. Además, el país goza ahora de un sólido crecimiento económico y su selección de fútbol jugará este año por primera vez una Eurocopa.

Sueño Georgiano ha visto una oportunidad ahora para intentar sacar adelante la misma ley que la oposición, muy fragmentada, tumbó en marzo de 2023. Sin embargo, la formación juega con fuego en una sociedad muy polarizada: Georgia celebrará en octubre elecciones parlamentarias y perder el control de la cámara supondría perderlo todo.

El partido en el poder intenta expresar oficialmente que sigue persiguiendo la integración en la Unión Europea, aunque la oposición le acusa de que en la práctica lo que hace es alejarse de Bruselas. “El proyecto de ley iniciado ha sido asociado a un cambio en el rumbo externo del país, lo cual es una burda especulación y manipulación”, ha afirmado este fin de semana el primer ministro georgiano, Irakli Kobakhidze, al mismo tiempo que ha reiterado que su integración “tanto en la Unión Europea como en la OTAN ha sido definida como una tarea constitucional del Gobierno”.

Sin embargo, Kobakhidze acusa al mismo tiempo a Occidente de querer abrir “un segundo frente” contra Rusia en su país; y el fundador de Sueño Georgiano, considerado el verdadero dirigente en la sombra del país, el magnate Bidzina Ivanishvili, ha acusado a las ONG que operan en el país de trabajar para el espionaje estadounidense y europeo.

Se trata de mantener el poder. Para ello, Ivanishvili no dudó en forzar la renuncia en enero de su anterior primer ministro. “El popular Garibashvili era una amenaza, y con la victoria electoral del partido aparentemente ya asegurada, el multimillonario prefiere tener una figura más polarizadora al mando. Ayudará a preservar su control de la política georgiana”, afirma Alexander Atasuntsev, experto del centro Carnegie, en un análisis de la política georgiana.

La polarización es absoluta. La presidenta, Salomé Zurabishvili, fue elegida por los georgianos en 2018 y es la antítesis política de Sueño Georgiano. Este partido ha aprobado otra medida para que Ivanishvili recupere su dinero en el extranjero en previsión de sanciones.

“He vetado la ley ‘offshore’ y seguiré vetando cualquier proyecto de ley que contradiga las aspiraciones europeas y euro atlánticas de Georgia”, ha advertido Zurabishvili en X, la nueva Twitter. Sin embargo, sus poderes son limitados y Sueño Georgiano tiene mayoría absoluta en el parlamento para sacar adelante la ley de agentes extranjeros contra su voluntad.

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