Mié. Feb 21st, 2024

La desinformación lleva décadas preocupando a intelectuales y gobiernos. La filósofa Hannah Arendt escribió en 1951 en Los orígenes del totalitarismo: “El sujeto ideal para el gobierno totalitario no es el nazi o el comunista convencidos, sino la gente para quien la distinción entre hecho y ficción y entre lo verdadero y lo falso ya no existe”. La inmediatez que posibilitan las redes sociales ha aumentado el temor a la expansión y las consecuencias de este contenido falso. El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) publicó en diciembre de 2020 un artículo firmado por Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, en el que advertía de los peligros de la desinformación durante la pandemia de covid y apuntaba a Rusia como uno de los principales responsables de las injerencias extranjeras. “No estamos, obviamente, ante un fenómeno nuevo. Sin embargo, con las posibilidades que ofrece internet, la desinformación se propaga ahora más rápidamente que nunca, llegando directamente cada día a los hogares de los ciudadanos”, reconocía Borrell. Ahora, el SEAE ha publicado un estudio en el que señala de nuevo a Rusia y que se centra en la desinformación contra el colectivo LGTBI.

En la presentación del informe en Bruselas, a la que fue invitado EL PAÍS por el SEAE el 23 de octubre, Lutz Güllner, directora de la división de comunicación estratégica y análisis de información del SEAE, quiso aclarar que el objetivo final de estos contenidos no son las personas LGTBI, sino las instituciones. “Se trata de interferencias del exterior que no solo buscan transportar desinformación, sino que siempre hay una agenda detrás, amplificar determinadas voces, es un ataque contra nuestros valores”, apuntó. Los actores políticos implicados pretenden, según el informe, “desestabilizar las democracias liberales y ganar apoyos para el proyecto conservador defendido por el Kremlin”. El estudio ha elegido 31 casos compartidos en 15 idiomas, nueve de la UE (alemán, checo, eslovaco, inglés, finés, francés, italiano, polaco y portugués) y seis no comunitarios (árabe, chino, ruso, serbio, somalí y ucranio). Beatriz Marín, miembro de la división de Güllner, explicó la selección de las publicaciones. “Quisimos coger una muestra manejable y lo más representativa posible para poder analizarla. Hemos trabajado con las delegaciones de los países para entender el contexto en el que suceden”.

El informe señala que el 55% de los casos analizados tienen origen ruso, y fuentes comunitarias afirman que atribuyen 12 de ellos al Kremlin. “Había canales atribuidos al Gobierno ruso y canales no atribuidos, pero que frecuentemente operan juntamente con canales atribuidos al Kremlin”, especifican esas fuentes. Entre estos casos relacionados con Moscú hay un videojuego, en la web rusa SouthFront, que consiste en disparar a diferentes cascos que van apareciendo por los lados de la pantalla y que llevan la bandera de la OTAN, la nazi, la ucrania y hasta la bandera arcoíris. “La web ha sido atribuida a los servicios secretos de Rusia”, aclaran las fuentes de la UE.

Las principales plataformas de distribución de estos contenidos fueron Telegram (46%), páginas web (20%) y Twitter (19%). El 43% de los casos se concentraron inmediatamente antes, después o durante celebraciones específicas como el mes del Orgullo Gay. Hasta en un 80% atacaban a instituciones ucranias, alemanas, comunitarias, organizaciones deportivas como el Comité Olímpico Internacional y la OTAN. Entre las narrativas más comunes estaban el término Gayropa (juego de palabras entre gay y Europa), la conservación de la familia natural y los valores tradicionales, la ideología de género y las personas LGTBI como una enfermedad social.

Entre las tácticas que utilizan para dar aspecto de veracidad a las mentiras, la más común es la imitación de publicaciones o la creación de contenidos que aparentan los nombres oficiales, el estilo y la identidad visual de organismos oficiales. Uno de estos casos crea una página similar a una ONG en Ucrania que publica una oferta de trabajo para ser tutor en tolerancia para el frente contra Rusia. Otro diseña una supuesta portada de una revista satírica alemana (similar a El Jueves en España) en la que miembros del colectivo LGTBI (dibujados como personas con barba y grandes pechos) destruyen los aros olímpicos. Y un supuesto vídeo de Euronews comunica que los Juegos Olímpicos y Paralímpicos en París quieren ser abiertamente LGTBI. También se creó un supuesto libro que se repartía en Alemania a los refugiados ucranios para adoctrinarles sobre diversidad.

Además, se incluye la fabricación de páginas como una web de contactos en Kiev y Moldavia en la que miembros de la OTAN se apuntan como guías para los “ucranios desviados”. O un folleto que invita a las personas homosexuales y transexuales a unirse a las fuerzas armadas rusas. A veces incluso combinan la actuación en el mundo físico con la Red. Está el caso de un folleto en el que la cerveza Mocaf, de origen francés, se promociona en Somalia con una imagen de dos hombres besándose. El tuit que comparte la imagen de falsa publicidad dice: “Mocaf ha lanzado una nueva campaña publicitaria para promover los valores europeos. Que lo hagan en Francia, África tiene otros valores”.

Los casos concretos de Ucrania y Georgia

Un informe de la ONG ucrania Detector Media coincide en sus resultados con los del SEAE. El equipo de investigación de la organización estudió 33.200 publicaciones en Facebook, YouTube, Telegram y Twitter, fechadas entre el 23 de marzo y el 23 de julio. Este trabajo titulado Homophobia on Social Media: Straddling Russian Propaganda and Ukrainian Discourse on Values (Homofobia en las redes sociales: cruzando la propaganda rusa y el devenir ucranio en valores) concluye que Rusia intenta presentarse como la única garante de los valores tradicionales y cuenta como se utilizan términos como sodomita, pecado o satanizador para referirse a las personas LGTBI. En este caso, se detectaron tres fuentes principales de propagación del contenido: Rusia, grupos religiosos ucranios y la ultraderecha. “Este grupo”, abunda Lesia Bidochko, subdirectora del centro de investigación Detector Media, “incluso asegura que el colectivo LGTBI es más peligroso que los rusos”. Bidochko, que asistió a la presentación del informe en Bruselas, afirma que, como el estudio del SEAE, también han encontrado narrativas que afirman que hay batallones de homosexuales ucranios que son reclutados en los bares de ambiente.

Una investigación de la fundación georgiana Media Development llega a conclusiones similares. Los grupos de ultraderecha pro-Kremlin (el agente que más promueve estas publicaciones) aseguran que la integración en Europa y la asimilación de los valores occidentales hacen peligrar la identidad conservadora de Georgia y que Rusia intenta proteger dicha identidad mediante la restricción de la homosexualidad. Anti-Gender and Anti-LGBTQI Mobilization in Georgia (Movilización antigénero y anti-LGTBI en Georgia), que también abarca los ataques al feminismo, analizó entre el 1 de enero y el 31 de mayo 1.163 mensajes homófobos, 839 difundidos en medios de comunicación y 324 en redes sociales. Uno de los principales mensajes que lanzan es que la representación del colectivo LGTBI en cualquier forma, ya sea una manifestación, una película o un programa de televisión es propaganda agresiva para fomentar los valores europeos.

Consecuencias directas e indirectas

Si bien el objetivo final de la desinformación es desestabilizar las democracias europeas y no el colectivo en sí, estos mensajes han provocado agresiones directas a las personas LGTBI. Magdalena Wilczynska, experta en contabilización de desinformación en Techsoup Polonia y que participó en la presentación en Bruselas, indica que la inclusión del tema LGTBI en la campaña electoral de 2019 y su polarización desembocó en el lanzamiento de piedras durante la manifestación del Orgullo. Se refiere a la marcha en la ciudad de Bialystok, que celebraba el Orgullo por primera vez y cuyos asistentes fueron agredidos. Ana Subelian, codirectora del Orgullo de Tbisili (Georgia) y también presente en Bruselas, señala que los grupos de ultraderecha boicotearon la celebración de la marcha en 2021. Stella Ronner-Grubacic, embajadora de género y diversidad de la UE en el SEAE, culpa a estos mensajes de la legislación contra la homosexualidad agravada en Uganda. “La desinformación funcionó allí”, apunta.

Sin embargo, también ha tenido consecuencias inesperadas y positivas. Una encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kiev muestra que mientras el 60,2% de los ucranios tenía una visión negativa hacia los miembros del colectivo LGTBI en 2016, este porcentaje cayó al 20% en 2022. En enero de 2023, el 58% de los ucranios se mostraban muy favorables o favorables en parte a que las personas LGTBI disfrutasen de los mismos derechos que el resto de la población, con un 20% totalmente en contra.

Bidochko señala a la invasión rusa y su propaganda contra el colectivo como los responsables de este cambio, y apunta más movimientos a favor. “Hubo un nivel de apoyo al Orgullo sin precedentes este año. Entre mayo y junio, multitud de compañías mostraron solidaridad, como el operador móvil Kyivstarc, la farmacéutica Apteka Dobrogo dnya y la cadena de electrodomésticos y electrónica Comfy. El servicio postal nacional, Ukrposhta, también expresó su apoyo públicamente y los ministerios de Cultura y de Asuntos Exteriores ucranios cambiaron sus logos de redes sociales por la bandera arcoíris”. Además, los medios ucranios han cubierto la participación de las personas LGTBI en el campo de batalla con visiones positivas que han ayudado a mejorar la concepción del colectivo.

El impulso más notorio es el que se dio en marzo de 2023, cuando la parlamentaria Inna Sovsun, del partido Voice, junto a 17 parlamentarios tanto de Voice como de Servant of the People (la formación de Volodímir Zelenski), registró el borrador de ley 9103 sobre las uniones civiles. Esta propuesta de legislación aboga por la creación de las parejas de hecho en el país, incluyendo a las de mismo sexo. “Las uniones civiles recibirían los mismos derechos que los familiares directos, tales como titularidad de propiedad, herencia y protección social”, explica Bidochko. “Sin embargo, no podrían adoptar ni pedir la custodia de los hijos de su pareja”.

Legislar, la respuesta más contundente

El informe del SEAE propone multitud de respuestas a la desinformación contra el colectivo LGTBI, como facilitar información fiable y legítima sobre la comunidad, apoyar campañas por los derechos LGTBI junto a expertos de la sociedad civil, investigar e informar más sobre herramientas internacionales que monitorizan la desinformación o mejorar la moderación de contenido en las redes. Sobre esta última, Eleonora Esposito, de la Dirección General de Redes de Comunicación, Contenido y Tecnología en la Comisión Europea, destacó en Bruselas la entrada en vigor en noviembre de 2022 de la Ley de Servicios Digitales (DSA por sus siglas en inglés), que impone medidas a las redes sociales como instaurar herramientas para la moderación de contenidos y mayor transparencia en los algoritmos y en el tratamiento de datos personales. “Con la DSA tenemos nuevas capacidades regulatorias para comprobar que las plataformas cumplen las reglas, está empezando a haber cambios, X pone contexto a los tuits”.

Kim van Sparrentak, miembro del Parlamento Europeo y copresidenta del intergrupo LGTBI, se mostró más escéptica en su réplica a Esposito. “La DSA no basta, mucho contenido no es ilegal y tampoco podemos esperar a que las redes sociales actúen cuando el daño ya está hecho. Necesitamos crear un espacio seguro, ya que ha habido un aumento de la violencia offline por culpa de la desinformación. Si buscas trans en X sale mucha desinformación y odio, se usa la misma narrativa que con los inmigrantes: vienen a quitarte algo, si los LGTBI quieren más derechos, te van a quitar algo a ti. Debe haber financiación y capacidad de actuación para quien es responsable de esto”, defendió.

Joel Bedos, director del programa Sogi Campaigns, abogó por mantener un discurso constante en respuesta a la desinformación, sin cambiar los argumentos ni saltar entre temas. “Al final se demuestra la mentira, y se vuelve contra estos actores, como le pasó a Jair Bolsonaro”, aseguró. Kate Hugendubel, de la organización por los derechos LGTBI ILGA Europe, abogó por invertir para que los activistas puedan seguir su trabajo y destacó la importancia de la legislación para la normalización. “En Escocia, Finlandia y España se aprobaron las leyes trans pese al ruido, y esa es la respuesta más fuerte que puede darse”.

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