Dom. May 19th, 2024

La gran reforma social del segundo quinquenio de Emmanuel Macron está en marcha. El gobierno francés ha presentado este miércoles un proyecto de ley que abre la vía a la legalización del suicidio asistido y, en algunos casos, a la eutanasia, bajo condiciones muy estrictas. La propuesta legislativa, una promesa del actual presidente, concede una atención particular a las palabras elegidas y prefiere el término “ayuda a morir”. El objetivo es enviar un mensaje de conciliación antes de que inicie su trámite parlamentario en mayo. Un recorrido que se anuncia arduo, tras años de debates en Francia sobre el derecho a morir dignamente.

El proyecto de ley, cuya versión definitiva aún no ha sido difundida, es “particularmente equilibrado”, ha insistido la ministra de Salud, Catherine Vautrin, antes de su presentación en el Consejo de Ministros. El mensaje que trata de enviar el Gobierno es que ha escuchado a todos, tanto los que desean ir más lejos como los que harán todo lo posible para frenar al máximo la reforma. Como resultado, el texto contiene dos partes principales. Por un lado, presenta las condiciones y el procedimiento para la ayuda a morir bajo estricta supervisión médica. Por el otro, pone el acento en el refuerzo de los cuidados paliativos, un aspecto clave para los detractores de la norma.

En Francia no es legal ni el suicidio asistido ni la eutanasia, pero desde 2016, el país dispone de una norma que permite a los pacientes terminales dejar de medicarse y recibir solo cuidados paliativos. La ley Claeys-Léonetti sobre el fin de vida permite una sedación profunda de pacientes terminales, pero únicamente para los que sufren “una enfermedad grave e incurable y cuyo pronóstico vital está comprometido a corto plazo”.

La ministra citó cinco condiciones para pedir la “ayuda a morir”. La persona que la solicita deberá ser mayor de edad, tener la nacionalidad francesa o residir en el territorio, padecer una enfermedad grave e incurable con un pronóstico fatal a corto o medio plazo, sufrir dolores insoportables que no se pueden tratar, y expresar su petición de manera libre y clara. Uno de los pilares del texto, subrayó Vautrin tras el Consejo de Ministros, es la “capacidad de discernimiento evaluada por un médico”, lo que excluye por ejemplo las enfermedades psiquiátricas o el Alzheimer.

Una vez que el paciente solicite la ayuda, un médico deberá pronunciarse dentro de un plazo de 15 días tras examinar el caso con otro doctor y con un enfermero. Si la opinión es favorable, se podrá prescribir un fármaco letal al enfermo para que lo tome solo o, si su estado físico no se lo permite, con ayuda de un miembro del cuerpo médico o de un voluntario designado por él. El proyecto, que ya ha sido examinado por el Consejo de Estado para verificar su conformidad con la Constitución, será debatido en el Parlamento a partir del 27 de mayo, justo antes de las elecciones europeas.

Macron no tiene mayoría absoluta en la Asamblea Nacional (la cámara baja) por lo que se ve obligado a negociar cada ley que quiere sacar adelante. Obtener los suficientes apoyos no será tarea fácil, sobre todo en el ala conservadora. Olivier Marleix, presidente del grupo de Los Republicanos en la Asamblea, el partido hermanado del PP en Francia, aseguró este miércoles que el principal reto siguen siendo los cuidados paliativos. “Creo que en una sociedad no tenemos derecho a ayudar a otra persona a morir si antes no le hemos ofrecido ayudarla a vivir”, dijo en la emisora Franceinfo.

Cuidados paliativos

El tema de los cuidados paliativos figura en el proyecto de ley, pero el Gobierno ha querido anticiparse. Durante el fin de semana, el Ejecutivo anunció una estrategia a 10 años para reforzarlos, con un presupuesto de 1.100 millones de euros. Macron había resaltado su importancia en una entrevista concedida en marzo a los diarios La Croix y Libération, de línea editorial y público muy distintos, en la que desgranó las grandes líneas de su propuesta. El dirigente puntualizó en ese momento que la ley no equivalía a “un suicidio asistido” ni a “una eutanasia”.

Para defender su proyecto, el Gobierno tomó en cuenta las conclusiones de una convención ciudadana creada en diciembre de 2022 para estudiar la necesidad o no de reformar la legislación vigente. Un 76% de los 184 participantes, nombrados al azar, se mostró a favor de impulsar una forma de muerte asistida. El debate no es nuevo y se reaviva cada cierto tiempo. En diciembre, la cantante francesa Françoise Hardy, de 80 años y enferma terminal de cáncer, envió una carta a Macron en la que le pedía reiniciar los debates sobre la muerte digna.

El país también cuenta con dos casos emblemáticos. El de Vincent Lambert, un enfermero que permaneció más de una década tetrapléjico y en estado vegetativo hasta que, tras una larga batalla judicial, la justicia autorizó su sedación profunda y desconectarlo de las máquinas que le mantenían con vida. Y el de Alain Cocq, que padecía una enfermedad incurable y dolorosa, y finalmente murió en Suiza, donde recurrió a un suicidio asistido legal.

En un comunicado, la Asociación francesa para el Derecho de Morir Dignamente, ha celebrado el “primer paso hacia un nuevo derecho”, pese a haber sido “aplazada varias veces”. Según un sondeo de 2023, un 70% de los franceses está a favor de una ley que legalice la muerte asistida o la eutanasia.

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