Dom. May 19th, 2024

Retrato de Rozalen

Rozalén

Cantante

Si uno se fija en el tobillo izquierdo de María Rozalén (Albacete, 1986), verá tatuada la rama de un olivo. Representa el árbol más característico de Letur, el pueblo en el que se crio, situado en la sierra del Segura. Tal es el arraigo hacia esa tierra que necesitaba grabarlo en la piel. También reivindicarlo en sus letras, donde aparecen las raíces como referencia imprescindible para componer. O en el festival que creó en 2016, Leturalma, que lleva ya seis ediciones. El oficio le exige estar lejos de casa, pero jamás olvida de dónde viene. “Ser albaceteña me marca en lo que soy, en cómo escribo, en cómo hablo. Ha definido mi personalidad”, admite en la entrevista que encabeza este artículo de Talento a bordo, el proyecto impulsado por Iberia para visibilizar el talento español. Para la cantante, que protagoniza el último vídeo de seguridad de la aerolínea, el talento es aquello que de manera natural provoca algo en los demás.

Estudiar psicología y formarse en musicoterapia, una especialidad que mide los beneficios y las conexiones neuronales que se establecen al escuchar una melodía, también se refleja en sus versos, como se ve (se oye) en su sexto y último disco, El abrazo, un trabajo de más de cuatro años que marca un antes y un después en su carrera profesional. “Aunque vaya a terapia cuando no tengo herramientas para soportar ciertas cosas, creo que este álbum me ha servido para entender el amor, la nostalgia, la muerte o las enfermedades. Simplemente he cantado la vida y mostrado lo que me ha pasado”. Eso que le ha pasado ha sido sufrir dos grandes duelos, la pérdida repentina de su padre y la de su abuela: “No te enseñan a abrazar la ausencia, a aceptar la esencia de una cruel ley natural. / Tan sencillo: uno nace, luego muere. / Lo que importa es la huella que se deja al caminar”, le dedica a su progenitor en Todo lo que amaste.

Rozalén, de niña, en una foto junto a sus padres, Angelita Ortuño y Cristóbal Rozalén, a quien le dedica la canción ‘Todo lo que amaste’. Fotos: CEDIDAS POR ROZALÉN

La cantante sosteniendo su tercer Disco de Platino, por el álbum ‘El árbol y el bosque’.

Beatriz Romero (derecha), intérprete de signos, acompaña a Rozalén en cada concierto para dirigirse a las personas sordomudas.

Al preguntarle por estas dos figuras, Rozalén coge aire y se recoloca en la silla. Confiesa que la música ha sido su mayor terapia, una catarsis que le ha permitido expresar todo lo que le remueve por dentro para convertir la tristeza en un homenaje a sus familiares. Porque siente que si no lo pone negro sobre blanco parece que no lo ha vivido. “Es una manera de dejarlo bien atao. Cuando sea mayorcita, intuyo que miraré todos mis discos y veré mi vida ordenada”, añade.

Su estilo, conocido por entremezclar flamenco, pop y copla y por criticar injusticias sociales, le llevó a ser galardonada en 2021 con el Goya a mejor canción original por el tema Que no, que no y con el Premio Nacional de las Músicas Actuales, concedido por el Ministerio de Cultura. También ha sido tres veces Disco de Platino: en 2018 por el álbum Cuando el río suena, en 2020 por Matriz y en 2022 por El árbol y el bosque. Admite que lo mejor de recibir estos reconocimientos es lo que significa para la gente que la quiere. “Mi padre se recorrió todo el pueblo con el goya en brazos para que le hicieran fotos. Se lo enseñaba hasta a las cajeras de los supermercados”.

Ahora, Rozalén rememora a aquella niña que comenzó tocando la bandurria en la rondalla del pueblo y recitando poemas que le enseñaban su madre y su abuela. No recuerda el momento exacto en el que supo que se dedicaría a la música. Lo que sí tuvo claro desde pequeña es que cantaría toda la vida, hasta que se quede sin voz.

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