Vie. May 24th, 2024

En una de sus primeras novelas, Paul Auster pone a volar a un niño. Tras superar las pruebas del rito iniciático, el niño consigue neutralizar la fuerza gravitatoria y, con ello, logra que su cuerpo levite primero para volar después. De esta manera, se convierte en la atracción de una época. Son los años previos a la Gran Depresión y las cruces arden al galope del Ku Klux Klan.

La novela se titula Mr. Vértigo (Booket) y nos cuenta las peripecias de este niño volador a lo largo de los caminos de la Norteamérica profunda. Es una de las mejores novelas de Auster, sin duda, y su personaje, el niño al que el Maestro Yehudi enseña a saltarse la ley de gravitación universal, es uno de los más logrados por el escritor de Brooklyn que, como acostumbra, nos presenta la felicidad como algo pasajero. Por ello, la dicha no le dura siempre al niño; la tendencia natural a la pérdida de orden en un sistema, es decir, la entropía, llega con la pubertad; el sistema hormonal va a interferir en su capacidad para volar, como si la gravedad hubiese urdido su venganza en el momento más oportuno.

Antes de seguir, recordemos que la interacción gravitatoria es la interacción dominante a gran escala o escala cosmológica, una arruga del tejido espacio-tiempo que consigue que la Tierra sea capaz de atraer lo que se sitúa en su esfera de influencia o campo gravitatorio. De esta manera, la famosa manzana del pecado newtoniano es atraída por el campo gravitatorio de la Tierra, cosa que nunca podrá ocurrir al contrario, ya que la manzana en relación con la Tierra carece de campo gravitatorio.

Ya sabemos que la Tierra no atrae a todos los cuerpos por igual, sino dependiendo de la masa de cada uno. Por ejemplo, la Tierra atrae a un cuerpo de 30 kilos, como puede ser el cuerpo del niño, con treinta veces más fuerza que a una manzana, lo que sucede es que la manzana opone treinta veces menos resistencia que el cuerpo del niño.

Por estas cosas, cuando se trata de caer, tanto la manzana como el niño caen a la misma velocidad en el vacío, y esto se debe a que en el vacío no hay fuerza de resistencia que se oponga al movimiento de caída del que depende la masa de los cuerpos. Y estos detalles están presentes en la novela de Auster, aunque no se hable expresamente sobre ellos.

Para ilustrar esto último no está de más hacer referencia a un experimento curioso. Se trata del denominado “collar de Newton”, una cadena de bolitas que sale de un recipiente, desafiando la “fuerza” de la gravedad.

El dibujo que forma la cadena en el aire, saltando del vaso, depende de la gravedad que tira hacia abajo y de la fuerza ascendente que nace de la cadena que todavía está en el vaso. Estas fuerzas opuestas crean el efecto mágico donde la cadena parece flotar por encima del recipiente. Es ciencia, aunque parezca lo contrario. En las novelas de Paul Auster ocurre lo mismo, pero al revés. Es lo que tiene de bueno su literatura.

El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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